Capítulo 8: La taza voladora.

La visita a urgencias de Antonio fue más larga de lo esperado y nada le hizo sospechar lo que le esperaba.

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El médico terminó de darle las instrucciones para que la herida de su brazo curase correctamente. Antonio cogió la receta que le daba el médico casi sin escucharle. En su cabeza no dejaba de resonar el “te mataré” de su suegra.

No sabía si iba en serio o fue fruto del calentón de rabia que le había entrado a Josefa, pero sus ojos no parecían hablar en broma. Antonio era mucho de mirar a los ojos, y aquellos ojos no le gustaron nada. Podría decirse que le asustaron aunque estuviese acostumbrado a ver la oscuridad que le transmitían cuando le miraba.

Salió del hospital pensando en la amenaza y preguntándose donde estaría su maldito teléfono móvil. Juraría que esta mañana lo había dejado en el mueble del recibidor después de despedir a Ana, pero cuando salió corriendo con el corte sangrando camino del hospital no lo encontró. Tampoco se paró a buscarlo porque bastante tenía con los nervios del corte, así que le dejó una nota a Ana en la cocina. No paraba de sangrar.
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Capítulo 5: Una Señora De Bien.

Josefa nació en una familia de buena posición en una época en la que la educación era estricta y conservadora.

Josefa Bengoetxea nació en Barakaldo y sus primeros años fueron dirigidos por las hermanas Dominicas. Su carácter se forjó a base de disciplina y muchas hostias, de las consagradas y de las que duelen, en los pasillos de aquel colegio de niñas.
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Capítulo 4: Empezando mal la Semana.

Antonio no podría empezar la semana de peor forma. Su suegra le iba a visitar y eso nunca traía nada bueno.

Antonio era una persona muy tranquila en general, tenía que pasar algo muy gordo para que se alterarse. La paciencia era su virtud destacada, esa que todo el mundo veía en cuanto se conocían.Su suegra jugaba con él aprovechándose de aquello para manejarlo a su antojo. Le encantaba visitarlo cuando su hija estaba trabajando y trataba de sacarlo de sus casillas con comentarios mal intencionados. Luego cuando estaba delante era como un ángel caído del cielo, todo amor y ternura. Sólo Antonio conocía esa doble personalidad de su suegra, tenía al resto de los mortales muy engañados. Antonio prefería no seguirle el juego demasiado. Sabía que no era del agrado de su suegra, el marido que nunca hubiera elegido para su hija. Pero para él lo importante era hacer feliz a Ana y aquellas visitas de su suegra solían durar poco, se podían soportar con un poco de paciencia.
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