Capítulo 18: La Caja de Galletas.

Antonio llega tarde a trabajar, pero a él le da igual porque se siente feliz con la evolución de Ana.

cookie-1065911Antonio llegó tarde a trabajar y le cayó una buena bronca del jefe. A pesar de tener a su mujer ingresada en coma en el hospital al jefe no le gustaba la impuntualidad y tampoco era muy receptivo a los sentimientos. Antonio le explicó que Ana llevaba dos días llorando cada vez que le hablaban de cierto tema y que se había despistado con la emoción.
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Capítulo 16: Lágrimas en el Espejo.

Comienza la jornada de Josefa y su rutina no es muy diferente a la de otros días. Se prepara para ir al hospital a cuidar de su hija sin saber que todo cambia por momentos.

De nuevo llovía fuera. Una fuerte tormenta se dejaba caer sobre el asfalto y los edificios de la ciudad como si fuese el preludio del diluvio universal. Josefa se despertó sobresaltada por el ruido de los truenos. Miró el reloj de la mesilla que marcaba casi las 6:30h y se desveló pensando en que casi era la hora de levantarse. Aquella noche notó, como muchas noches, que no dormía sola. Nadie lo hacía desde que su marido murió de cáncer cinco años atrás, pero ella notaba algo. Nunca se lo había dicho a nadie para que no pensaran que estaba loca, pero había noches en que aquella sensación la dejaba tranquila en un lado de la cama, sintiéndose abrazada.
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Capítulo 5: Una Señora De Bien.

Josefa nació en una familia de buena posición en una época en la que la educación era estricta y conservadora.

Josefa Bengoetxea nació en Barakaldo y sus primeros años fueron dirigidos por las hermanas Dominicas. Su carácter se forjó a base de disciplina y muchas hostias, de las consagradas y de las que duelen, en los pasillos de aquel colegio de niñas.
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Capítulo 2: La Mejor Hora del Día.

Ana había conseguido por fin el ascenso que llevaba años soñando. Estaba tan excitada que no veía la hora de salir del trabajo para contárselo a Antonio…

¡Por fin es la hora de salir! Ana cogió el bolso, la carpeta y salió corriendo al fichero como si le fuera la vida en ello. Ella era una entusiasta de su trabajo, pero también lo era de su vida familiar, de su vida social, de su vida con mayúsculas. Hace dos años tuvo un accidente de coche y le cambió el chip: Se salvó de la muerte por vuelta y media del coche, y por llevar el cinturón. Las únicas secuelas que le quedaron fueron un par de cicatrices después de la operación de rodilla y el pensamiento imborrable de que no era su hora. Había superado el miedo a volver a conducir y a no pensar que otro loco se volvería a cruzar en su camino, pero de vez en cuando le daba el vértigo al llegar a las rotondas.
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