Capítulo 8: La taza voladora.

La visita a urgencias de Antonio fue más larga de lo esperado y nada le hizo sospechar lo que le esperaba.

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El médico terminó de darle las instrucciones para que la herida de su brazo curase correctamente. Antonio cogió la receta que le daba el médico casi sin escucharle. En su cabeza no dejaba de resonar el “te mataré” de su suegra.

No sabía si iba en serio o fue fruto del calentón de rabia que le había entrado a Josefa, pero sus ojos no parecían hablar en broma. Antonio era mucho de mirar a los ojos, y aquellos ojos no le gustaron nada. Podría decirse que le asustaron aunque estuviese acostumbrado a ver la oscuridad que le transmitían cuando le miraba.

Salió del hospital pensando en la amenaza y preguntándose donde estaría su maldito teléfono móvil. Juraría que esta mañana lo había dejado en el mueble del recibidor después de despedir a Ana, pero cuando salió corriendo con el corte sangrando camino del hospital no lo encontró. Tampoco se paró a buscarlo porque bastante tenía con los nervios del corte, así que le dejó una nota a Ana en la cocina. No paraba de sangrar.
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Capítulo 7: El Amor de Mi Vida.

La vida es caprichosa y nunca sabes donde vas a encontrar al amor de tu vida. Sólo hay que dejarse llevar y vivir cada momento.

Tú estás loca, me solía decir. Tenía costumbre de asomarse por la puerta de mi habitación y me daba cada susto que para qué. Su sonrisa hacía que se me pasara al momento. Mi madre siempre me decía que me fuera a dar una vuelta con mis amigas los sábados que me quedaba a estudiar en época de exámenes. Que me iba a quedar soltera si no salía, pero yo prefería centrarme en los exámenes. Me lo decía en broma, porque ella sabía que el resto del año salía casi todos los fines de semana. Sin pasarme, pero salía. Me gustaba ser una buena hija.
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