Capítulo 16: Lágrimas en el Espejo.

Comienza la jornada de Josefa y su rutina no es muy diferente a la de otros días. Se prepara para ir al hospital a cuidar de su hija sin saber que todo cambia por momentos.

De nuevo llovía fuera. Una fuerte tormenta se dejaba caer sobre el asfalto y los edificios de la ciudad como si fuese el preludio del diluvio universal. Josefa se despertó sobresaltada por el ruido de los truenos. Miró el reloj de la mesilla que marcaba casi las 6:30h y se desveló pensando en que casi era la hora de levantarse. Aquella noche notó, como muchas noches, que no dormía sola. Nadie lo hacía desde que su marido murió de cáncer cinco años atrás, pero ella notaba algo. Nunca se lo había dicho a nadie para que no pensaran que estaba loca, pero había noches en que aquella sensación la dejaba tranquila en un lado de la cama, sintiéndose abrazada.
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Capítulo 15: Comida en Familia.

Antonio se dirige a comer con su hermana y su familia. Un rato con los gemelos que le ayuda a desconectar y compartir noticias que hasta ahora guardaba para él.

Antonio llegó a casa de su hermana Marta y ya antes de tocar al timbre oyó las carcajadas de los gemelos, que debían estar correteando a gritos por el pasillo. Sonrió ilusionado y añorando un futuro así de idílico en el que Ana y él serían felices junto al bebé que estaba en camino, a pesar de la incertidumbre actual que tanto le angustiaba.Cogió aire unos segundos y se prometió a sí mismo no derrumbarse delante de su hermana para no hacerla sufrir más de la cuenta.
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Capítulo 14: Huellas.

Antonio llegó a casa después de un día duro en el hospital derrotado por la evolución de Ana.

El reloj pasaba de las 21:30h cuando Antonio entró en su casa. El día había sido muy duro. Había estado todo el día en el hospital y Ana se encontraba estable, pero sin evolución positiva. Ya iba para dos semanas desde el accidente y Antonio tenía ratos de pura desesperación en los que perdía la fe en que Ana algún día saliese del estado de coma. La doctora Garmendia le daba el parte con una sonrisa, pero Antonio veía más allá de esa cara bonita un mensaje poco claro de esperanza.

-No tires la toalla, le decía la doctora, que se mostraba optimista respecto al estado de Ana. He visto muchos pacientes en esta situación, y en peores, y de repente una mañana se despiertan y todo queda en un mal sueño.
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Capítulo 9: Oscuridad.

Ana se encuentra en el hospital. Antonio y Josefa están a su lado. Los médicos hablan de sus múltiples fracturas y de su estado de coma.

¡¡¡Socorro, Socorro!!! Nadie me escucha, no puedo mover los labios, estoy paralizada. Lloro pero mis ojos no sueltan lagrimas. Tengo mucho miedo. Quiero abrirlos pero no puedo. Le ordeno a mi cerebro que los abra, me pesan toneladas, no hay manera de moverlos.

Se me acelera el pulso y oigo a las enfermeras correr junto a la cama en la que me encuentro para tratar de estabilizarme. ¡¡¡Ayúdenme por favorrrrr!!! No puedo despegar los labios, ni emitir ningún sonido. Que angustia madre mía. ¿Qué me ha pasado? ¿Por qué estoy atrapada dentro de mi misma?. Me estoy muriendo y nadie se da cuenta. Que alguien me ayude, lo suplico.
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Capítulo 8: La taza voladora.

La visita a urgencias de Antonio fue más larga de lo esperado y nada le hizo sospechar lo que le esperaba.

El médico terminó de darle las instrucciones para que la herida de su brazo curase correctamente. Antonio cogió la receta que le daba el médico casi sin escucharle. En su cabeza no dejaba de resonar el “te mataré” de su suegra.

No sabía si iba en serio o fue fruto del calentón de rabia que le había entrado a Josefa, pero sus ojos no parecían hablar en broma. Antonio era mucho de mirar a los ojos, y aquellos ojos no le gustaron nada. Podría decirse que le asustaron aunque estuviese acostumbrado a ver la oscuridad que le transmitían cuando le miraba.

Salió del hospital pensando en la amenaza y preguntándose donde estaría su maldito teléfono móvil. Juraría que esta mañana lo había dejado en el mueble del recibidor después de despedir a Ana, pero cuando salió corriendo con el corte sangrando camino del hospital no lo encontró. Tampoco se paró a buscarlo porque bastante tenía con los nervios del corte, así que le dejó una nota a Ana en la cocina. No paraba de sangrar.
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