Capítulo 11: Noche de Tormenta.

Antonio se fue a la cama con vómitos y dolor de estómago. La noche no pintaba que fuese a ser buena.

Antonio se despertó sobresaltado y sudando en mitad de la noche. Miró el despertador y marcaba las 03:06h. Le pareció escuchar el teclado del Mac que Ana aporreaba ilusionada cuando empezó con el blog. Se levantó de la cama y fue al origen del sonido en el salón, extrañado de que Ana estuviese despierta a esas horas. Al llegar al salón descubrió que el ruido que le resultaba tan familiar era la lluvia cayendo con fuerza en la calle. La ventana estaba abierta y la cortina parecía un fantasma bailando al son de la tormenta. Cerró la ventana con rapidez y se quedó mirando a la calle hipnotizado por la cortina de agua.
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Capítulo 10: La Verdad de Josefa.

Josefa y Antonio coinciden en la habitación del Hospital donde se encuentra Ana ingresada. Tienen una conversación pendiente sobre lo ocurrido antes del trágico accidente de Ana.

Antonio miraba a Ana con los pensamientos en el día de su boda. Sonreía al recordar los bellos momentos que les hicieron vibrar aquel día. Agarró la mano de Ana con suavidad y de repente le pareció que le devolvía la presión. Repitió la caricia con esperanzas de que fuese algo más que un espejismo de su ilusión. No se repitió la sensación y su ilusión se quedó en mueca de tristeza. Por la puerta entró Josefa sonriendo sin mirar a quien. Antonio se puso tenso y la mueca de tristeza se convirtió en asco sin poder evitarlo. La madre de Ana entró como si nada hubiera pasado entre ellos esa misma mañana. Con gesto preocupado se interesó por su hija y preguntó todos los detalles de lo sucedido.
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Capítulo 9: Oscuridad.

Ana se encuentra en el hospital. Antonio y Josefa están a su lado. Los médicos hablan de sus múltiples fracturas y de su estado de coma.

¡¡¡Socorro, Socorro!!! Nadie me escucha, no puedo mover los labios, estoy paralizada. Lloro pero mis ojos no sueltan lagrimas. Tengo mucho miedo. Quiero abrirlos pero no puedo. Le ordeno a mi cerebro que los abra, me pesan toneladas, no hay manera de moverlos.

Se me acelera el pulso y oigo a las enfermeras correr junto a la cama en la que me encuentro para tratar de estabilizarme. ¡¡¡Ayúdenme por favorrrrr!!! No puedo despegar los labios, ni emitir ningún sonido. Que angustia madre mía. ¿Qué me ha pasado? ¿Por qué estoy atrapada dentro de mi misma?. Me estoy muriendo y nadie se da cuenta. Que alguien me ayude, lo suplico.
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Capítulo 8: La taza voladora.

La visita a urgencias de Antonio fue más larga de lo esperado y nada le hizo sospechar lo que le esperaba.

El médico terminó de darle las instrucciones para que la herida de su brazo curase correctamente. Antonio cogió la receta que le daba el médico casi sin escucharle. En su cabeza no dejaba de resonar el “te mataré” de su suegra.

No sabía si iba en serio o fue fruto del calentón de rabia que le había entrado a Josefa, pero sus ojos no parecían hablar en broma. Antonio era mucho de mirar a los ojos, y aquellos ojos no le gustaron nada. Podría decirse que le asustaron aunque estuviese acostumbrado a ver la oscuridad que le transmitían cuando le miraba.

Salió del hospital pensando en la amenaza y preguntándose donde estaría su maldito teléfono móvil. Juraría que esta mañana lo había dejado en el mueble del recibidor después de despedir a Ana, pero cuando salió corriendo con el corte sangrando camino del hospital no lo encontró. Tampoco se paró a buscarlo porque bastante tenía con los nervios del corte, así que le dejó una nota a Ana en la cocina. No paraba de sangrar.
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Capítulo 7: El Amor de Mi Vida.

La vida es caprichosa y nunca sabes donde vas a encontrar al amor de tu vida. Sólo hay que dejarse llevar y vivir cada momento.

Tú estás loca, me solía decir. Tenía costumbre de asomarse por la puerta de mi habitación y me daba cada susto que para qué. Su sonrisa hacía que se me pasara al momento. Mi madre siempre me decía que me fuera a dar una vuelta con mis amigas los sábados que me quedaba a estudiar en época de exámenes. Que me iba a quedar soltera si no salía, pero yo prefería centrarme en los exámenes. Me lo decía en broma, porque ella sabía que el resto del año salía casi todos los fines de semana. Sin pasarme, pero salía. Me gustaba ser una buena hija.
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Capítulo 6: Luz Roja.

Ana leyó la nota ensangrentada y salió corriendo a coger el coche. La prisa le llevó casi sin pensar de camino a un destino incierto.

Ana leyó la nota y un resorte anuló la euforia del ascenso convirtiéndose en una rápida reacción de emergencia. Dejó la carpeta y cogió las llaves del coche. Bajó al garaje todo lo rápido que le dieron los pies. Montó en el coche y arrancó sin apenas pensar. Sabía de maravilla el camino al hospital porque quedaba cerca de su trabajo. No entendía como Antonio no le había llamado o mandado un whatsapp en vez de dejarle una nota.
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Capítulo 5: Una Señora De Bien.

Josefa nació en una familia de buena posición en una época en la que la educación era estricta y conservadora.

Josefa Bengoetxea nació en Barakaldo y sus primeros años fueron dirigidos por las hermanas Dominicas. Su carácter se forjó a base de disciplina y muchas hostias, de las consagradas y de las que duelen, en los pasillos de aquel colegio de niñas.
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