Capítulo 9: Oscuridad.

Ana se encuentra en el hospital. Antonio y Josefa están a su lado. Los médicos hablan de sus múltiples fracturas y de su estado de coma.

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¡¡¡Socorro, Socorro!!! Nadie me escucha, no puedo mover los labios, estoy paralizada. Lloro pero mis ojos no sueltan lagrimas. Tengo mucho miedo. Quiero abrirlos pero no puedo. Le ordeno a mi cerebro que los abra, me pesan toneladas, no hay manera de moverlos.

Se me acelera el pulso y oigo a las enfermeras correr junto a la cama en la que me encuentro para tratar de estabilizarme. ¡¡¡Ayúdenme por favorrrrr!!! No puedo despegar los labios, ni emitir ningún sonido. Que angustia madre mía. ¿Qué me ha pasado? ¿Por qué estoy atrapada dentro de mi misma?. Me estoy muriendo y nadie se da cuenta. Que alguien me ayude, lo suplico.
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Capítulo 8: La taza voladora.

La visita a urgencias de Antonio fue más larga de lo esperado y nada le hizo sospechar lo que le esperaba.

El médico terminó de darle las instrucciones para que la herida de su brazo curase correctamente. Antonio cogió la receta que le daba el médico casi sin escucharle. En su cabeza no dejaba de resonar el “te mataré” de su suegra.

No sabía si iba en serio o fue fruto del calentón de rabia que le había entrado a Josefa, pero sus ojos no parecían hablar en broma. Antonio era mucho de mirar a los ojos, y aquellos ojos no le gustaron nada. Podría decirse que le asustaron aunque estuviese acostumbrado a ver la oscuridad que le transmitían cuando le miraba.

Salió del hospital pensando en la amenaza y preguntándose donde estaría su maldito teléfono móvil. Juraría que esta mañana lo había dejado en el mueble del recibidor después de despedir a Ana, pero cuando salió corriendo con el corte sangrando camino del hospital no lo encontró. Tampoco se paró a buscarlo porque bastante tenía con los nervios del corte, así que le dejó una nota a Ana en la cocina. No paraba de sangrar.
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Capítulo 7: El Amor de Mi Vida.

La vida es caprichosa y nunca sabes donde vas a encontrar al amor de tu vida. Sólo hay que dejarse llevar y vivir cada momento.

Tú estás loca, me solía decir. Tenía costumbre de asomarse por la puerta de mi habitación y me daba cada susto que para qué. Su sonrisa hacía que se me pasara al momento. Mi madre siempre me decía que me fuera a dar una vuelta con mis amigas los sábados que me quedaba a estudiar en época de exámenes. Que me iba a quedar soltera si no salía, pero yo prefería centrarme en los exámenes. Me lo decía en broma, porque ella sabía que el resto del año salía casi todos los fines de semana. Sin pasarme, pero salía. Me gustaba ser una buena hija.
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Capítulo 6: Luz Roja.

Ana leyó la nota ensangrentada y salió corriendo a coger el coche. La prisa le llevó casi sin pensar de camino a un destino incierto.

Ana leyó la nota y un resorte anuló la euforia del ascenso convirtiéndose en una rápida reacción de emergencia. Dejó la carpeta y cogió las llaves del coche. Bajó al garaje todo lo rápido que le dieron los pies. Montó en el coche y arrancó sin apenas pensar. Sabía de maravilla el camino al hospital porque quedaba cerca de su trabajo. No entendía como Antonio no le había llamado o mandado un whatsapp en vez de dejarle una nota.
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Capítulo 5: Una Señora De Bien.

Josefa nació en una familia de buena posición en una época en la que la educación era estricta y conservadora.

Josefa Bengoetxea nació en Barakaldo y sus primeros años fueron dirigidos por las hermanas Dominicas. Su carácter se forjó a base de disciplina y muchas hostias, de las consagradas y de las que duelen, en los pasillos de aquel colegio de niñas.
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Capítulo 4: Empezando mal la Semana.

Antonio no podría empezar la semana de peor forma. Su suegra le iba a visitar y eso nunca traía nada bueno.

Antonio era una persona muy tranquila en general, tenía que pasar algo muy gordo para que se alterarse. La paciencia era su virtud destacada, esa que todo el mundo veía en cuanto se conocían.Su suegra jugaba con él aprovechándose de aquello para manejarlo a su antojo. Le encantaba visitarlo cuando su hija estaba trabajando y trataba de sacarlo de sus casillas con comentarios mal intencionados. Luego cuando estaba delante era como un ángel caído del cielo, todo amor y ternura. Sólo Antonio conocía esa doble personalidad de su suegra, tenía al resto de los mortales muy engañados. Antonio prefería no seguirle el juego demasiado. Sabía que no era del agrado de su suegra, el marido que nunca hubiera elegido para su hija. Pero para él lo importante era hacer feliz a Ana y aquellas visitas de su suegra solían durar poco, se podían soportar con un poco de paciencia.
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Capítulo 3: No Puedo con mi Jefe.

Hablemos de los tipos de jefes. Esa fauna laboral que puede llevarte al éxito o arrastrarte por el fango sin compasión.

Después de un primer artículo en el que no sabía por donde empezar, ya me he decidido con el tema a abordar en este segundo. Voy a hablar de jefes, del mío y de muchos otros. Puede parecer un tema difícil porque hablar de tu jefe suele sonar a crítica, especialmente si no tienes un buen jefe, pero voy a ser valiente y hacer una crítica constructiva para que todos se sientan identificados.
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