Capítulo 108: Ana y la Verdad.

Al día siguiente, Josu Aguirre convocó a Antonio a Ana en casa de estos para hablar de los últimos avances en la investigación. Primero hablaría con ellos de lo que había descubierto sobre los verdaderos padres de Ana. Después les presentaría a Martín, y por último les alertaría de las conclusiones sobre Josefa y su comportamiento.

El palo iba a ser duro, en especial para Ana, y se encontraba muy preocupado por su reacción. Iba a sufrir con lo descubierto, pero saber la verdad le ayudaría a seguir adelante de manera más tranquila.

Cuando Aguirre llegó a casa de Ana y Antonio se paró un segundo en el rellano y echó un vistazo a la puerta del vecino. Si todo iba bien llamaría en un rato para presentar a Martín como el hermano perdido de Ana. Martín ya estaba avisado, y seguramente estaba al otro lado de la puerta, nervioso, esperando que llegase el momento tan deseado durante años.

Llamó al timbre y fue Ana la que le abrió levantada, sin usar la silla de ruedas. Su rehabilitación continuaba, pero en casa trataba de usar la silla lo menos posible. Avanzaron juntos hacia el salón y se sentaron en la mesa de comedor junto a Antonio.
—Me alegro de veros a los dos. En estos últimos días he avanzado mucho en la investigación.
—Que alegría oír eso —dijo Antonio esperanzado.
—Hay buenas noticias, y también hay malas. No quiero asustaros, pero la situación es grave. Creo que Josefa anda cerca. Las llamadas anónimas recibidas por vosotros, y por tu hermana, me hace pensar que Josefa esté detrás y que no venga con buenas intenciones. Seguramente a estas alturas ya sabrá que habéis descubierto su secreto sobre los orígenes de Ana, y me temo que su reacción será de todo menos tranquila.
Estamos vigilando desde hace unas semanas vuestro domicilio con discreción, aunque Antonio descubriese a los agentes el otro día. Es solo por seguridad.
—¡Joder!, gracias inspector—dijo Antonio al darse cuenta de que se estaba volviendo un poco paranoico sin razón.
—Intensificaremos la vigilancia porque al investigar la patología de Josefa he descubierto que puede estar confundiendo a Antonio con otra persona.
—¿Cómo?, ¿Con quién? —preguntó Ana intrigada y sorprendida al mismo tiempo.
—Con tu padre biológico —soltó Aguirre con bastante poca delicadeza, al mismo tiempo que ponía sobre la mesa los dos perfiles de los padres de Ana.

Al ver las dos fotos Ana se llevó las manos a la cara y se puso a llorar sin poder evitarlo. Antonio, al ver la foto del padre de Ana se quedó petrificado y su reacción fue inmediata.
—¡Dios mío!, si se parece a mí —dijo horrorizado mientras trataba de calmar a Ana.
—Así es. Solo es una casualidad, ya lo he investigado. Se parece a ti, pero no sois familia ni tenéis ningún vínculo. Puedes estar tranquilo por ese lado. Ese parecido es el que creo que hace confundir a Josefa contigo cuando entra en crisis.
—Por eso me amenazó con el cuchillo diciendo que no le iba a quitar a su hija. Pensaba que yo era este señor. ¡Madre del amor hermoso!.

Ana lloraba y lloraba con la mirada fija en las fotos de sus padres biológicos. Su cerebro estaba bloqueado, pero veía ciertos rasgos en su madre que le recordaban a ella misma.
—Siento darte malas noticias Ana. Tu madre falleció en el parto —dijo esta vez Aguirre con algo más de delicadeza.
—¿Y mi padre?.
—Tu padre falleció a los pocos meses de tu nacimiento. Creo que alguien lo mató.

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