Capítulo 106: Confesiones.

Josu y Martín tuvieron una larga charla sobre los detalles de la carta de su padre. El inspector iba sacando mucha información de la conversación que quedaba anotada con cuidado en su libreta inseparable.

—¿Por qué está en un lío? —preguntó Aguirre al vecino hermano.
—He hecho algunas cosas de las que me arrepiento.
—Déjame que adivine. Usted tiene una casa en la sierra ¿verdad? —dijo Aguirre mientras se le iluminaba una bombilla en el cerebro.
—Sí, señor —dijo Martín revolviéndose en el sofá incómodo por la astucia del policía.
—¿Con qué intención la llevó allí? —dijo Aguirre dando por hecho que Martín estaba detrás del secuestro de Josefa.
—Bueno…Empecé a ver cosas raras y quise darle una lección a esa mala persona. Quería que confesara para facilitar que Ana descubriese la verdad.
—Hombre, también podía haber llamado a la policía.
—Sí, tiene razón…—dijo Martín avergonzado.
—¿Qué cosas raras empezó usted a ver?.
—El día del accidente de Ana escuché gritos en casa de Antonio y vi por la mirilla salir a Josefa corriendo del piso.
—Por la mañana temprano.
—Sí, era bastante temprano. Y justo pasé por el lugar del accidente cuando Ana se chocó con el camión de la basura. Pensé que Josefa le había hecho algo a Antonio. Incluso pensé que ella estaba detrás del accidente.
—¿Y vio más cosas raras? —preguntó Aguirre intrigado.
—Puff, demasiadas.
—Cuénteme, por favor.
—Varios días después vi entrar a Josefa en el piso a horas en que Antonio no estaba, porque había ido al hospital.
—¿Usted tiene buena relación con Antonio y Ana?.
—Muy buena desde siempre. Son una pareja encantadora. Antonio me ha ido contando la evolución de Ana en el hospital. Y también me dijo que estaba teniendo problemas con su suegra. Que se comportaba de manera rara.
—¿Usted en que trabaja Martín?.
—Soy diseñador gráfico. Paso muchas horas en casa y hago mucho trabajo aquí. Por eso he visto muchas cosas raras.
—Siga con su relato. Cuénteme más cosas extrañas.
—Tengo el sueño muy ligero, y sufro insomnio. Una noche vi a Josefa salir de madrugada del edificio. La vi desde el balcón. Y eso fue muy raro.
—¿Fue entonces cuando decidió secuestrarla?.
—¿Voy a ir a la cárcel por esto? —dijo Martín temblando como un flan.
—Secuestrar es un delito, pero de momento sólo lo sabemos usted y yo. ¿Josefa le vio la cara?.
—No, siempre llevaba pasamontañas.
—¿Le maltrató o le agredió durante el secuestro?.
—No, no, sólo quería que ella confesara que no era la madre verdadera de Ana. No le agredí en ningún momento, aunque si que la humillé un poco —dijo Martín mientras rompía a llorar por los nervios.
—¿Quién le ayudó en el secuestro?.
—Un amigo mío. Pero sólo a llevarla y a traerla de vuelta. Sólo hizo de chofer.
—Está bien. Tendré que hablar con su amigo. Si usted me ayuda a mí, yo le ayudaré a usted.
—De acuerdo, ayudaré en lo que haga falta. Me siento muy arrepentido de haber hecho esto.
—Entiendo su rabia por el asesinato de su padre, pero no puede tomarse la justicia por su mano. ¿Lo entiende?. Me tiene que ayudar a encontrar a Josefa para que la podamos acusar de asesinato.
—Dígame lo que tengo que hacer…
—Usted estuvo detrás de la carta anónima para Antonio y del pendrive con el video, ¿No?.
—Sí, señor. Lo siento…

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