Capítulo 103: La historia de María Salomé y Diego.

De vuelta en Madrid, Josu Aguirre se sentía satisfecho por lo conseguido en Barakaldo. Aquella monja se lo había puesto difícil, pero a él le gustaban los retos. La satisfacción se mezclaba con el desasosiego del parecido razonable entre Antonio y el padre biológico de Ana. Sería una maldita casualidad de la vida, o no, pero tenía que investigarlo.

Desde la tranquilidad de su habitación del hostal se conectó a la base de datos de la policía, en busca de información sobre los padres de Ana. Primero quería encontrar toda la información posible de ambos, luego hablaría con Ana y le explicaría lo que había conseguido. Tenía que ir paso a paso.

Al introducir el nombre de la madre, María Salomé Sánchez Castro, nada apareció en la base de datos. No había ningún delito por el cual pudiese estar fichada. Pasó a Google con las mismas intenciones, pero el resultado fue nulo. Parecía que la madre biológica de Ana no se lo iba a poner fácil.
Buscó en sus apuntes la fecha de nacimiento de Ana y contactó con un amigo poderoso que le podría dar información sobre el hospital donde nació, y la información que tuviesen allí sobre su madre.
En menos de dos minutos Josu Aguirre supo que Ana nació en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid. También descubrió, con disgusto, que su madre biológica había fallecido durante el parto, por lo que su investigación por parte materna llegaba a un punto sin salida.

Se preparó un café instantáneo mientras pensaba en el desagradable momento en que le comunicase a Ana que su madre, la de verdad, no estaba viva. Continuó con los datos del padre biológico. Aquel señor de parecido razonable a Antonio le miraba desde la pequeña foto con ojos curiosos. “Ojalá te encuentre”, pensó Josu mientras tecleaba su nombre completo en la base de datos de la policía. Su cabeza repetía una y otra vez ¿No será el padre de Antonio? Pero enseguida se auto convencía de que era imposible. No coincidían los apellidos. Además Antonio tenía su propio padre, que también se le parecía. Y familiares más mayores, como abuelos, eran imposibles por edad. Tampoco podía ser hermano de su padre, su tío, porque Miguel no tenía hermanos. ¿Y si era un hermano robado, como sucedía con Ana?.

Antes de continuar llamó a Miguel y le consultó sobre su familia. Miguel, muy educado y disponible siempre, le dio toda la información sobre su familia, incluso le facilitó el teléfono de su madre, la abuela de Antonio y Marta, que aún vivía. Habló con ella, una señora muy mayor que ya rondaba los cien años, pero muy lúcida, que le explicó que en aquella época ella dio a luz a su único hijo en su casa, y que por más que lo había intentado, nunca tuvo más hijos.

Dejó de darle vueltas a aquella macabra casualidad y continuó investigando.
La base de datos de la policía tardó un poco en dar resultados, pero arrojó información que dejó a Aguirre clavado en la silla donde estaba sentado.
Según los datos que aparecían en la pantalla del ordenador, el señor Diego Salas Rodríguez había aparecido degollado en su propia casa a los siete meses del nacimiento de Ana. La investigación indicaba que había sido asesinado en extrañas circunstancias, pero que nunca se encontró a ningún sospechoso que encajase en aquel asesinato. El caso se cerró sin resolver y nunca más se supo nada de aquello.

Del matrimonio entre María Salomé y Diego habían nacido dos hijos, un niño, y una niña, que fallecido en el parto, junto a su madre.
La niña ya sabemos quien era…

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