Capítulo 100: Un Nuevo Empleo.

Marta aún no podía creerse lo que había vivido el día anterior. De repente su sueño de montar una pastelería y ser su propia jefa, haciendo lo que más le gustaba, se había hecho realidad. Tantos miedos que había sentido siempre, tantas dudas de lanzarse a la piscina, ahora eran de verdad, conseguidas de la mano de su marido. No podía ser más afortunada. El día había empezado sin más y había terminado siendo el mejor de su vida.

Deyan y los niños aún dormían, pero ella no podía pegar ojo mirando al techo desde la cama. Se levantó con sigilo, se vistió y se marchó a su pastelería sin pensar. Necesitaba entrar y disfrutar de aquel regalo sola, durante unos minutos.

Recorrió la tienda disfrutando de cada detalle hecho por Deyan. Había hecho una obra impecable. Era justo como lo había imaginado desde pequeña. Quizás Deyan había ido anotando todas las veces que había fantaseado con tener su propio obrador y como sería cada detalle.

Las tartas de las vitrinas seguían allí. Creadas por su madre, cómplice de su marido, estaban preparadas para recibir clientes. En la pequeña oficina de la parte de atrás Adela había dejado un cuaderno con todas las recetas de las tartas. Cuando Marta lo vio se emocionó porque aquellas tartas habían sido su inspiración. Le habían acompañado toda su vida, cada vez que su madre las hacía en casa. Al lado había otro cuaderno igual, pero en el título ponía “Recetas de Marta”, preparado para que ella lo llenase con sus creaciones.

Se sentó un momento en una de las mesitas preparadas para quien quisiese degustar un trozo de pastel y un café. No podía dejar de sonreír mientras miraba cada rincón de la pastelería.

Alguien llamó con cuidado en los cristales de la entrada. Se asomó por una rendija del papel marrón que aún cubría el escaparate. Antonio, su hermano, le sonreía desde fuera.
—Buenos Días hermano, ¿Qué haces por aquí tan temprano?.
—No podía dormir, y me apetecía pasar a ver tu pastelería. Sabía que estarías aquí —dijo Antonio sonriendo.
—¿Qué te parece si inauguramos la cafetera? —dijo Marta ilusionada.
—¡Me parece genial!.
—Deyan me ha dicho que todo está preparado para inaugurar mañana mismo, pero estoy un poco asustada. No sé muy bien por donde empezar.
—Seguro que lo vas a hacer muy bien. Yo te puedo ayudar si quieres, hasta que te organices.
—¿Sí?. Me vendría súper bien. Pero sé que andas muy liado con la recuperación de Ana.
—Puedo venir sin problemas. Dime a qué hora vengo mañana y arrancamos entre los dos.

Marta abrazó a su hermano con fuerza, agradecida por tanto amor. Se miraron un instante sonriendo como dos idiotas y entonces la cara de Marta cambió.
—Oye hermanito. Se me acaba de ocurrir una cosa…
—¿Qué se te ha ocurrido?.
—¿Te gustaría trabajar en una pastelería?.
—No me importaría, estoy en el paro…—dijo Antonio sonriendo.
—Pues mañana inauguran una aquí y necesitan gente. Si te interesa el puesto es tuyo.
—¿En serio? —dijo Antonio mirándole a ver si lo decía de verdad.
Marta extendió su mano y le dijo:
—Está usted contratado. Mañana a las ocho en punto le espero para explicarle el trabajo.

Ambos lloraron abrazados mientras comentaban que no podían creerse la suerte que estaban teniendo.
—Ya sólo falta que se solucione lo de tu suegra y Ana.
—Estoy seguro de que con Aguirre lo conseguiremos —dijo Antonio convencido.

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