Capítulo 92: Ordenando Ideas.

Después de entrevistarse con los padres de Antonio y Marta, el inspector Aguirre se fue a cenar a un restaurante próximo al hostal donde se hospedaba aquellos días en Madrid.

Toda la familia parecía tener la misma versión de la historia de Antonio. Todos contra Josefa y Josefa contra todos. La historia parecía verosímil, pero había un montón de sucesos que cojeaban por falta de información.
Todos los datos se iban ordenando en la cabeza de Josu Aguirre al ritmo de los bocados de la cena. La libreta, fiel compañera de sus aventuras, aparecía desplegada en el lado izquierdo de la mesa, abierta, acompañando el repaso del inspector.

Al día siguiente comenzaría la segunda fase: Salir del círculo de la familia y empezar a buscar otros testigos, y la información que faltaba en todo aquel puzzle. La mayoría de incógnitas partían de la desaparición de Josefa, pero mientras no apareciese tendría que rebuscar en otras fuentes.
Aquella noche durmió poco. Repasó una vez más los papeles de la carpeta de adopción de Ana. Había unos cuantos médicos y enfermeras para los que tendría algunas preguntas. También las monjas de Barakaldo eran candidatas a recibir una nueva visita de Aguirre.
Justo cuando se le empezaban a cerrar los ojos de sueño le vino una idea a la mente. Interrogar a los médicos que trataron a Josefa en el episodio de la depresión podría arrojar algo de luz en el caso.
Anotó en la agenda que llamaría a Ana por la mañana, o mejor la visitaría en el hospital, para ver que más le podía contar sobre la patología exacta que llevó a su madre a comportarse de manera tan extraña.
Estaba convencido de que aquel comportamiento, al que su hija había querido quitar importancia, estaba relacionado con los sucesos de la actualidad.
Todos aquellos interrogantes podían ayudar también a su promesa de ayudar a Ana en la búsqueda de sus padres biológicos.

Para una tercera fase, como le gustaba pensar a Josu Aguirre, quedaría descubrir quien estaba detrás de las cartas anónimas de Antonio, el secuestro de Josefa y la última amenaza recibida por Antonio. Esta última amenaza no tenía ni pies ni cabeza para venir de Josefa, porque antes de su desaparición no sabía que Ana estaba embarazada. Aquella tercera fase tendría su inicio en aquella prueba: saber quienes estaban informados del embarazo. Tirar de aquel hilo hizo acelerar el corazón de Josu Aguirre. Sentía que allí encontraría muchas respuestas, y se puso nervioso ante el subidón de adrenalina. Aquellos momentos de investigación le hacían revivir los tiempos de juventud, en los que se sentía realizado y feliz de su trabajo.

Se durmió con una sonrisa en la cara, dudando en si seguir con la segunda fase de su plan o saltar directo a la fase tres. Había tantas dudas como papeles extendidos por aquella pequeña habitación de hostal, pero sentía que iba por buen camino con sus pesquisas. Los primeros rayos del sol comenzaron a colarse por la ventana del patio al que asomaba su alojamiento en Madrid, pero necesitaba un par de horas de sueño para recuperarse.

El reloj de su muñeca marcaba las 09:30h cuando alguien aporreó la puerta de su habitación. Despertó de un brinco y asomó la cabeza para preguntar quien le llamaba.
Antonio esperaba al otro lado de la puerta.

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