Capítulo 88: Los Avances de la Pastelería.

Deyan estaba contento aquella mañana. A pesar de que todas las desgracias parecían estar sucediendo en su familia en los últimos meses, las obras de la pastelería iban por muy buen camino.

El objetivo era que estuviese acabada y lista para abrir en dos meses, justo el tiempo que faltaba para el cumpleaños de Marta.
Las obras estarían acabadas en apenas un mes y el otro que faltaba sería para preparar los permisos de apertura, y rematar cualquier otro detalle pendiente.

Cuando llegó al local era casi mediodía. El último trabajo de fontanería que había realizado en un domicilio de las afueras de Madrid le había llevado casi toda la mañana. Llegaba nervioso por el retraso, porque había quedado con sus suegros, Adela y Miguel, para mostrarles los avances de la sorpresa.
Era la primera vez que Adela iba a ver todo lo que habían montado entre Miguel y él. Era muy importante causarle una buena impresión y sobre todo recordarle que debía guardar muy bien el secreto, o toda la sorpresa se iría al garete.
Se encontró a sus suegros en la cocina de la pastelería. Miguel le señalaba a Adela donde iría el horno y los robots de amasado.
—¡Qué alegría verte, Deyan! —dijo Adela en cuanto lo vio entrar.
Se le veía muy ilusionada y emocionada. La sonrisa de su suegra irradiaba felicidad.
—Qué orgullosa estoy de tener un yerno tan maravilloso.
Miguel y Deyan se rieron al escuchar a Adela, que parecía que fuese ella misma la destinataria de aquella pastelería.

Deyan le estuvo explicando lo poco que quedaba de las obras y algunos detalles, pocos, que había olvidado Miguel. Él también estaba muy contento por haber fichado a un complice tan bueno como su suegro, para que le ayudase en aquella aventura.
—No veas como me ha tenido de engañada —decía Adela una y otra vez.
—Pues así debe seguir —apuntaba Miguel mirándola con ensayada seriedad para que le tomase en serio.
—No os preocupéis de nada, no voy a decir ni pío. Marta es muy astuta, pero de mí no va a sacar nada.
—Lo importante es que siga sin sospechar. Ya sé que estáis tan ilusionados con el proyecto como yo. Ya falta poco, tenemos que ser discretos.
Mientras se dirigían hacia la puerta de salida del local hablando sobre los trámites que había que hacer en el ayuntamiento no repararon en la presencia que los esperaba en la calle.

Josu Aguirre había localizado el local preguntando a un compañero de trabajo de Deyan. Cuando abordó a los tres, presentándose por su nombre, quedaron muy sorprendidos.
Antonio les había hablado del inspector, pero no esperaban encontrarlo en aquel momento, ni le habían puesto cara hasta ese instante.
—Bonito local —dijo Josu tratando de ser amable con los tres.
—Gracias —dijeron Deyan y Adela al unísono.
—¿Cómo nos ha localizado aquí? —preguntó Deyan.
—He hablado esta mañana con Marta, y después me he acercado a su trabajo para hablar con usted. Un compañero suyo me ha dicho que era secreto, pero que le encontraría aquí.
—Pues sí, le han indicado bien —dijo Deyan con tono de fastidio.
—Me gustaría hablar con usted a solas, ¿Cuándo le vendría bien? —dijo Aguirre dirigiéndose a Deyan.
—Pues si me da cinco minutos para despedirme de mis suegros le atiendo ahora.
—¿Sus suegros?, ¿Los padres de Antonio? —dijo el inspector sorprendido.
—Yo soy Miguel López y ela es mi mujer, Adela —contestó Miguel mientras extendía la mano hacia Aguirre.
—También me gustaría hablar con ustedes —respondió Aguirre mientras le estrechaba la mano.
—Cuando usted quiera —contestó Adela con gesto serio.

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