Capítulo 87: Demasiadas Incógnitas.

Josu Aguirre se acostó tarde aquella noche. Tras el encuentro con Antonio organizó los trámites para que una patrulla vigilase de cerca la vivienda del matrimonio. Todo de manera muy discreta, sin que los propios Antonio y Ana lo supieran. La orden era clara: identificar visualmente a todos los vecinos del edificio y personas relacionadas. Lo más importante era saber quien entraba y salía de aquel edificio, y con qué intenciones. Los agentes encargados tendrían línea móvil directa con él. Todas las novedades debían ser comunicadas de inmediato al inspector.

Lo siguiente que Aguirre trató de organizar antes de acostarse, después de aquel largo día, era el origen de la amenaza recibida por Antonio aquella misma tarde. Si Josefa no sabía que Ana estaba embarazada era posible que aquella nota no estuviese escrita por ella. Si no la había escrito ella, ¿Había alguien ayudándola?. Ese alguien le podía haber informado del embarazo de Ana, ¿Quién era ese alguien?. Según Antonio sólo los propios implicados y sus familiares más cercanos sabían del estado de Ana.
Por la mañana mandaría a analizar la nota en busca de huellas o indicios que diesen con algún sospechoso.

Necesitaba una ducha que aclarase un poco todas las dudas entorno al caso. El agua fría era un buen método para barrer su mente y separar el grano de la paja. La orden de no entrar en su habitación se había cumplido, y lo pudo comprobar al buscar una toalla limpia con la que secarse tras la ducha. Se apañó con la que había y llamó a recepción para pedir nuevas toallas.
Mientras observaba el croquis que había organizado sobre la mesa de escritorio con todos los nombres y sus posibles conexiones llamaron a la puerta. Estaba tan inmerso en la investigación que no escuchó al dueño del hostal preguntando si había alguien.
Fue la apertura de la puerta de la habitación la que lo devolvió al presente. La cara del dueño del hostal al entrar con su propia llave y encontrarse con Josu como vino al mundo fue cuanto menos cómica.
—Sus toallas —balbuceó el gerente sin saber qué hacer, paralizado por la sorpresa de encontrarse a alguien dentro. Las dejó sobre la cama y salió corriendo en dirección a la puerta pidiendo disculpas una y otra vez.
Josu sonrió mientras pensaba en la poca intimidad que había siempre en los hoteles.

Tras revisar de nuevo la carpeta de Ana y las notas anónimas que había recibido Antonio sobre Josefa, encendió el portátil para volver a ver el vídeo del pendrive.
Aquel video le escamaba sobre todas las pruebas. ¿Quién había secuestrado a Josefa y con qué intención?. Por las imágenes parecía querer desenmascarar el secreto de Josefa sobre los orígenes de Ana. Pero…¿Quién en el entorno del matrimonio podía saber aquello?. Por las declaraciones del matrimonio parecía que a ellos y a sus familiares les acababa de llegar la información de verdad. Alguien estaba mintiendo o el propio inspector estaba en un camino erróneo de conjeturas. ¿Podía ser que sucediese cuando Josefa dijo estar en Barakaldo?, ¿Por qué la madre superiora del convento cubrió a Josefa?. Demasiadas incógnitas y muy pocas respuestas.

El inspector Aguirre decidió acostarse tras visualizar una y otra vez aquel vídeo en busca de indicios que le llevasen a aclarar alguna de sus dudas. Ni siquiera era capaz de ubicar el lugar donde estaría aquella oscura sala que parecía un garaje.

Los objetivos del día siguiente serían compartir el video con compañeros policías de Madrid, por si a alguno le sonaba el lugar, e interrogar al resto de la familia de Antonio y Ana.

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