Capítulo 86: Un Taxi a Callao.

Antonio llegó a casa aquella noche más cansado de lo habitual. La tarde con el inspector y con Ana en el hospital le había hecho revivir sentimientos que trataba de apaciguar en su interior, sin mucho éxito. Nada más entrar por la puerta del piso encontró un pequeño papel en el suelo, que alguien había introducido por debajo de la puerta.

Lo cogió para leerlo y una sensación de vértigo cruzó sus ojos.
“Debéis alejar a ese policía de vosotros. Si sigue metiendo las narices donde no le llaman te mataré a ti, pero primero me encargaré del bebé. Firmado: Josefa.”

Antonio se quedó paralizado mientras la angustia se apoderaba de cada una de sus articulaciones. La alarma del piso lo sacó del trance. Al entrar y ver el papel se había olvidado de desactivarla y el escándalo de la sirena al sonar fue lo único que le hizo reaccionar. Los vecinos del rellano asomaron la cabeza al oír la sirena y Antonio enseguida les confirmó que todo iba bien, que disculpasen las molestias. Todos se preocuparon por el estado de Ana y dieron su apoyo a Antonio en lo que necesitase.
Antonio fue muy amable y enseguida volvió al interior de casa, tratando de disimular ante la amenaza que acababa de encontrar bajo la puerta.

Llamó a su hermana Marta para alertarle de lo que acababa de pasar y ésta le convenció de que llamase al inspector Aguirre lo antes posible.
—¿Y si cumple la amenaza? —dijo Antonio desesperado.
—La policía debe saberlo Antonio, ellos os van a proteger.
—Esta mujer es capaz de todo, ya no me fío ni un pelo.
—Pero tampoco puedes seguir su juego. Hay que desenmascarar y atrapar a esa bruja —dijo Marta tratando de tranquilizar a su hermano.
Antonio quedó en silencio con el teléfono en la mano durante unos segundos.
—¡Antonio! ¿Hola? ¿Estás ahí? —dijo Marta al no escuchar a su hermano al otro lado del teléfono.
—Sí, estoy aquí, disculpa. Me acabo de dar cuenta de una cosa.
—¿De qué cosa?.
—Josefa no sabía que Ana estaba embarazada antes de desaparecer.
—Ostras, ¡es verdad! —gritó Marta al darse cuenta ella también.
—Voy a llamar al inspector ahora mismo. Aquí hay gato encerrado.
Ambos se despidieron y sin dar casi tiempo Antonio marcó el número de Aguirre.

Josu Aguirre se encontraba en la habitación del hostal cuando sonó el teléfono. Antonio le contó casi de corrido lo sucedido al llegar a casa. El inspector le pidió que guardase la nota en una bolsa de congelación y que enseguida iría a su casa a buscarla, que no la manipulase mucho.
Antonio le dijo que tenía miedo de que Josefa anduviese cerca y que cumpliese su amenaza al ver al policía.
—Estoy convencido de que esto no lo ha escrito Josefa. ¿Podría tener a alguien que le esté ayudando? —dijo Aguirre.
—Todo podría ser, no lo sé. —dijo Antonio desmoronándose.
—Esta bien. Mandaré un taxi a buscarle a su casa en diez minutos. Nos encontraremos en media hora en la plaza de Callao. Un lugar con mucha gente es ideal para pasar desapercibido.
—De acuerdo inspector —confirmó Antonio mientras colgaba.

Como si de un capítulo de CSI se tratara Antonio guardó la nota amenazante en una bolsa de congelar, como le había pedido Aguirre, y la guardó en la cazadora. Activó la alarma del piso y bajó al portal a esperar al taxi.

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