Capítulo 83: Ana y el Inspector.

Ana estaba nerviosa como un flan. Apenas había pegado ojo en toda la noche pensando en el encuentro con el policía que estaba investigando el caso de su madre. De siempre había sido una persona nerviosa, pero estas situaciones que no controlaba aún la ponían más tensa.

Se levantó ella sola antes de que viniesen las enfermeras con los primeros rayos de sol al amanecer. Avanzó dos pasos y se acercó a mirar por la ventana. Madrid empezaba a estar precioso con la llegada de la primavera. Se sentía como un pájaro enjaulado en aquella habitación. Necesitaba volar y llenar sus pulmones de aire fresco.
—Espero que los médicos me den pronto el alta —dijo en voz alta.
—Todo dependerá de tu evolución, Ana —contestó la Doctora Garmendia a su espalda.
El susto que se llevó Ana fue tan grande que se tambaleó sobre sus débiles piernas y a punto estuvo de caerse.
La silenciosa doctora pidió disculpas por haberla asustado y le hizo unas cuantas preguntas rutinarias sobre sus dolores y sensaciones.
—Quizás para final de mes puedas abandonar el hospital, aunque tendrás que seguir viniendo a rehabilitación y utilizar una silla de ruedas —dijo Garmendia muy sonriente.
Ana sintió algo de esperanza con aquel anuncio y por un breve instante calmó los nervios ante la visita inminente del inspector Aguirre.
Después de la visita de la Doctora las auxiliares del turno de mañana trajeron el desayuno. Apenas tenía hambre, y sólo dio dos sorbos al café con leche que le daban cada mañana. El nudo del estómago le impedía comer nada, y el ritmo acelerado de su corazón la mantenía tensa como una estaca.
Trató de asearse por sí misma, pero aquella mañana no se sentía con muchas fuerzas, así que se volvió a la cama y encendió la TV. Mientras una presentadora, con cientos de operaciones de estética en la cara, trataba de calmar a un montón de señores acomodados, que se creían con licencia para opinar de cualquier cosa, Ana estaba a kilómetros de distancia de allí. Sus pensamientos repasaban su vida una y otra vez, incansables.
Entonces llamaron a la puerta y Antonio asomó la cabeza por el hueco. Mientras le devolvía el saludo, y la amplia sonrisa, confirmó que venía acompañado del inspector de policía.
Josu Aguirre se acercó a Ana y la saludó con educación, estrechándole la mano mientras observaba todos los detalles de la habitación, por deformación profesional.
Durante las casi dos horas que duró la visita los tres repasaron el relato de Antonio. El inspector iba interrumpiéndose a sí mismo todo el tiempo formulando todas las dudas que había recopilado durante la noche. El relato de Antonio parecía estar bien fundamentado, y nada le hacía sospechar que estuviese mintiendo. Ana no recordaba casi ningún dato, porque todo había sucedido mientras estaba en coma, pero sus nervios se palpaban en el ambiente, y Aguirre los detectó desde el primer momento.
—¿Sus padres nunca hicieron alusión a que usted era adoptada? —dijo Aguirre dirigiéndose a Ana.
—Nunca jamás —confirmó Ana.
—¿Y usted no tuvo sospechas nunca?.
—Nunca —insistió Ana.
—¿Cómo se ha sentido al descubrir todo esto?.
—Al principio no me lo podía creer, pero después de ver las pruebas estoy tratando de asumir todo —dijo Ana con un nudo en la garganta.
—¿Sabe donde podría estar su madre en este momento?.
—No tengo ni idea. Nunca había actuado así —confirmó Ana.
—Bueno, tengo entendido que no es la primera vez que desaparece…
Ana se quedó blanca como la pared y no pudo contestar nada. Ningún sonido fue capaz de salir de su garganta.

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