Capítulo 76: La Desaparición De Josefa.

Antes de denunciar su desaparición me pasé por su casa, preocupado de que le hubiese pasado algo. Llamé varias veces al timbre, pero nadie contestó. Decidí entrar con mis propias llaves y recorrí el piso con miedo de encontrármela muerta o vaya usted a saber. Pero no estaba.

El piso estaba recogido y nada parecía extraño. Cuando entré en su habitación tampoco descubrí nada raro. La cama estaba hecha y todo parecía normal. Me llamó la atención una lata de galletas de esas antiguas sobre la mesilla y me acerqué a mirar. Quizás estuvo mal fisgonear, pero lo que descubrí, créame que fue así, hubiese preferido no verlo.
En el interior de la lata de galletas había varias cosas que me helaron la sangre. Allí metida estaba la nota que yo le había dejado a Ana el día del accidente, junto a una llave y unas fotos en las que aparecía yo en mi casa. Unas fotos que yo no sabía cuando, ni de que manera habían sido tomadas. Ahí sí que me asusté de verdad.
Me vinieron a la mente las huellas de mi casa y no me lo pensé dos veces: me puse a rebuscar en los zapatos de Josefa. Tardé un rato mirando todas las suelas y comparándolas con las fotos, pero se confirmaron mis sospechas, las huellas eran suyas. Josefa había estado en mi casa conmigo dentro, me había hecho fotos y se había llevado la nota de Ana. Estaba temblando de miedo, de rabia y de mil sentimientos contradictorios que me paralizaban. Miles de dudas planeaban por mi cabeza buscando una explicación que no entendía. ¿ Por qué estaba haciendo aquello?, ¿Qué le había hecho yo para que me odiara tanto?. Incluso llegué a pensar que estaba detrás del accidente de Ana en algunos momentos.
Cuando me disponía a salir del piso de mi encontré un papel junto al teléfono fijo. En una pequeña etiqueta donde estaba anotado mi número del móvil y un montón de secuencias de números de cuatro cifras tachados. Ahora ya sabía también quien había robado mi móvil el día del accidente, y quien lo devolvió de nuevo a mi casa, todo cuadraba.
Loco de nervios, de angustia y de miedo salí de aquel piso con todo lo encontrado bajo el brazo. Necesitaba digerir toda aquella información. Llamé a mi hermana para contárselo todo. Si ya habían flipado con la agresión imagine como se quedó tras enterarse de mis descubrimientos…
A la mañana siguiente, hicimos la denuncia de su desaparición en comisaría. La policía dijo que se pasarían por su casa a buscarla para empezar. Yo ya sabía que no estaba, pero no me atreví a contar que ya lo había comprobado, y lo que había descubierto en su interior.
Me fui al hospital a ver a Ana, como el resto de los días y allí estaba Josefa. Me quedé blanco al verla y ella se empezó comportando como si nos hubiésemos visto el día anterior, con absoluta normalidad. Cuando le dije que había denunciado su desaparición y que llevaba días llamándola sin respuesta me dijo que había ido a ver a unos familiares a Barakaldo. Viendo mi cara de sorpresa y con tono bastante irónico me dijo que no me hiciera el “tontito”, que ya me había avisado. Todo mentira, ni me había avisado, ni tenía familiares en Barakaldo…
—¿Usted fue sólo a casa de Josefa o acompañado? —interrumpió Aguirre por primera vez en el relato.
Antonio le miró confuso…

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