Capítulo 68: Otra Noche De Insomnio.

Antonio no pegó ojo aquella noche. Después de la segunda vez que tocaron al timbre de casa, y de que nadie hubiese al otro lado de la puerta, ya no llamaron más. La sensación de desasosiego le ponía muy nervioso y no sabía muy bien que hacer. Llamó a su hermana Marta, pero a aquella hora no se enteró, quizás porque ya era tarde y estaban durmiendo.

Recordó la conversación con su hermana sobre poner una alarma y buscó en internet la mejor opción y la más rápida. Había pasado una noche malísima, completamente asustado, y no quería volver a sentirse así. Poner una alarma le ayudaría a sentirse más seguro en casa, por lo menos hasta que detuviesen a Josefa y todo se calmase.
Aquella misma noche alguien entró en la habitación de Ana en el hospital mientras dormía. El vigilante estaba haciendo su ronda mientras alguien, que conocía sus horarios, se colaba por una pequeña ventana de unos baños de la planta baja del Hospital. Ese alguien subió con el sigilo de un “ninja” hasta la planta donde Ana estaba ingresada, y que por supuesto conocía. Cuando comprobó que las enfermeras de guardia dejaban el puesto de recepción de la planta se deslizó hasta la habitación y entró sin hacer nada de ruido.
En la penumbra de la habitación, que apenas estaba iluminada por una pequeña luz a la altura de los pies, y que servía de guía, dormía Ana profundamente.
La observó un buen rato sin moverse, como un fantasma que acompaña, y se atrevió a acercarse y acariciarle el pelo con mucha delicadeza. Después de otro rato observando como la respiración de Ana hacía subir y bajar su abdomen al ritmo, le acarició la pequeña protuberancia del estómago donde el bebé de Ana y Antonio se estaba gestando. Apenas se notaba un poco de tripa de embarazada.
El visitante misterioso se deslizó de nuevo a las sombras y desapareció por donde había venido sin dejar rastro de su visita. La ventana de los baños del hospital sirvió de salida mientras se perdía entre los arbustos de la entrada del hospital. La noche oscura cobijó el misterio de la identidad del visitante anónimo de Ana.

Antonio terminó de prepararse para ir al hospital mientras su hermana le llamaba al ver su llamadas nocturnas.
—¿Estás bien hermanito? —dijo Marta nada más oír la voz de Antonio.
—Sí, estoy bien, pero he pasado una noche horrible.
—¿Qué ha pasado? —dijo Marta temiendo lo peor.
—A la hora que intenté contactar contigo, alguien llamó al telefonillo de casa varias veces, y nadie contestaba cuando yo hablaba.
—¿Cómo? —respondió Marta estupefacta.
—Y también llamaron al timbre de casa dos veces, pero no había nadie en el rellano. He pasado la noche en vela, muy asustado.
—Ostras Antonio, siento mucho no haberme enterado de tu llamada. ¿ Quién habrá podido ser?
—Yo lo tengo claro. Josefa ha vuelto a Madrid, Marta —dijo Antonio con voz muy grave.
—¿En serio?, ¿Y para que hace eso en tu casa?.
—Quiere asustarme, o que yo sepa que está aquí. He llamado para que instalen una alarma en el piso, como hablamos.
—Me parece lo mejor. ¿Quieres quedarte en mi casa estos días? Tenemos que contárselo a la policía.
—Sí, voy al hospital ahora, y pararé en la comisaría para dejar constancia de todo. También se lo voy a contar a Ana.
—Esta tarde me paso por el hospital y hablamos un rato. Tengo ganas de veros a los dos. Intenta centrarte en Ana y no le des demasiadas vueltas.
—Vale hermanita, esta tarde nos vemos. Ten cuidado, por favor.
—¡Tu también! —dijo Marta a la vez que colgaba.

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