Capítulo 63: La Mañana Siguiente.

A la mañana siguiente las nubes grises amenazaban tormenta sobre la ciudad de Madrid. Antonio se levantó despejado a pesar de que le costó coger el sueño más de lo que le hubiera gustado. Miró por la ventana y el día gris oscuro no le animó demasiado a ponerse en marcha. Al meterse en la cama, y tras leer el mensaje de Ana, había decidido que hoy sería un gran día para limpiar la casa de arriba a abajo, hacer compra y poner el piso en marcha. Un montón de ocupaciones para distraer su cabeza del único pensamiento que rondaba por ella: El estado de Ana y su necesidad de un día sola.

Preparó el desayuno y llamó a su hermana Marta. Estaba siendo un gran apoyo durante todo este tiempo y hablar con ella le hacía sentir bien.
Marta recibió la llamada con alegría y ambos estuvieron un buen rato tratando de hacer reír al otro, diciendo tonterías sin mucho sentido sobre la actualidad de aquel día que recién comenzaba. Al final fue Marta la que sacó el tema de Ana y Antonio se desahogó sobre lo que había pasado la tarde y la noche anterior.
—Me envió un mensaje antes de dormir —contó Antonio a Marta.
—Sí, me dijo que lo haría antes de marcharme del hospital.
—¿Y como no me avisaste? —preguntó Antonio un poco decepcionado.
—Me pidió que no te lo dijese y le prometí que no lo haría.
—Lo entiendo —contestó Antonio comprendiendo que ambas habían hablado largo y tendido.
—Me dijo que necesitaba tiempo para asimilar todo aquello. Y también me dijo que había tratado de llamar a Josefa sin éxito.
—Para eso me pidió el código del móvil —contestó Antonio al darse cuenta de aquel movimiento de Ana.
—¿Dónde estará la vieja? —preguntó Marta con curiosidad.
—No sé, anoche pensé que había entrado en casa —contestó Antonio al recordar los ruidos nocturnos— porque me pareció oír algo en el pasillo, pero no había nadie.
—Quizá deberías poner una alarma o algo Antonio. No me fío ni un pelo de esa zorra.
—He pensado hablarlo con la policía a ver que me recomiendan. Yo también tengo miedo por ti —confesó Antonio.
—Bueno, me parece buena idea —dijo Marta preocupada.
—Si quieres podemos ir mañana juntos —pidió Antonio a su hermana antes de colgar.
—Claro que sí, hermano, después de dejar a los gemelos en el colegio vamos a la comisaría.
Ambos se despidieron y quedaron en hablar por la noche, cuando Ana diese señales.
Antonio se puso en modo limpieza y le dio un buen repaso al piso entero. Con la música a todo trapo y bayeta en mano recordó los viejos tiempos en que Ana y él limpiaban los sábados por la mañana. Con el piso adecentado y un poco de adrenalina descargada se sintió más animado y con ganas de vivir.
Marta pasó la mañana preocupada. No había querido contarle nada a su hermano, pero se moría de ganas. Ana le había confesado la noche anterior algo que le había venido a la memoria sobre Josefa bastante fuerte. Antonio no sabía aquello, porque Ana nunca se lo había contado, pero era grave y tenía relación con lo sucedido durante el coma. Deseó que pasara pronto aquel día para que Ana se lo contara y poder hablarlo con su hermano…

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