Capítulo 61: Deyan y Miroslav.

Deyan estaba a punto de entrar en casa cuando sonó su teléfono móvil. Era uno de sus mejores amigos, Miroslav. Ambos se criaron en el mismo pueblo, estudiaron en la misma escuela y emprendieron el viaje a España juntos, cuando la crisis los obligó a buscar un futuro mejor.

Sus destinos habían ido por el mismo camino hasta que Deyan consiguió trabajo en Madrid, con la empresa de fontanería en la que trabajaba, y a Miroslav le ofrecieron trabajar como albañil en Bilbao.
Miroslav marchó al norte pensando que aquel trabajo temporal no duraría mucho y que pronto volvería a Madrid, pero el destino es caprichoso y decidió que allí conocería a su actual marido y se afianzaría su trabajo en la capital vasca.
Miroslav había sufrido mucho durante la infancia en Dobrich, una ciudad bastante grande al nordeste de Bulgaria. Siempre había sido un niño muy sensible y buen estudiante. No le gustaba meterse en peleas, ni jugar al fútbol, y los chavales de su edad se metían con él dejándole de lado en los recreos o cuando hacían planes de pandilla.
Deyan era su compañero de clase y vecino, y lo defendía de las bromas de mal gusto que le gastaban sus compañeros, o cuando le insultaban por su sensibilidad y gustos poco afines. Miroslav siempre le ayudaba con las tareas de clase y jugaba con él en los alrededores del edificio donde vivían sus familias. Los insultos hacia Miroslav fueron en aumento cuando fueron creciendo y Deyan nunca consintió que le llamaran “maricón” a su amigo en su presencia, pero sabía que su amigo sufría por no ser aceptado por su condición sexual. Eres una gran persona, lo que te guste no es de su incumbencia, no permitas que no te respeten, solía decirle Deyan. Miroslav trataba de sacar carácter y fuerza de aquellas palabras, pero fueron años difíciles para él. Aquel vínculo infantil los mantuvo unidos siempre y fueron grandes amigos hasta que la distancia entre Bilbao y Madrid los separó un poco.
Durante aquellos años Deyan y Marta pasaron algunas vacaciones con Miroslav y acudieron a su boda cuando se casó con Nikola, otro búlgaro que conoció en la construcción y del que estaba muy enamorado.
Deyan siempre le decía a Marta que estaba muy feliz por Miroslav, porque en España había conseguido trabajo y un marido bueno que de ninguna manera hubiera podido tener en Bulgaria. Por fin ha encontrado un lugar donde lo respeten, es lo mejor que le ha podido pasar, sentenciaba Deyan siempre.
—¿Qué te cuentas amigo Miroslav? — contestó Deyan al descolgar.
—Muy buenas amigo Deyan. ¿Cómo estás? —dijo Miroslav al escuchar a Deyan.
—Gracias por todo amigo Miroslav, tu ayuda ha sido un gran apoyo estos días.
—Bueno, tú me has ayudado siempre hermano, ha sido un placer ayudarte con Marta. ¿Cómo está ella ahora?.
—Pues muy bien. Toda la familia está muy contenta de que haya vuelto sana y salva de Barakaldo. Parece que ha aclarado sus ideas y se siente mejor.
—Me alegro mucho por vosotros. Sois una gran pareja. ¿Qué tal los gemelos?
—Bufff, ya sabes que estos terremotos nunca paran, jajajaja.
—Oye Deyan, ¿cuando vas a darle la sorpresa de la pastelería?
—Ya queda muy poco para terminar las obras. Me gustaría que vinieseis Nikola y tú cuando la inauguremos.
—Cuenta con ello Deyan, no nos lo perderíamos por nada del mundo. Además tenemos una bonita sorpresa para vosotros cuando vayamos a Madrid.
—¡¿Si?! ¡Qué alegría!. Pues te avisaré cuando esté cerca la fecha. Muchas gracias por cuidar a Marta en Barakaldo sin que ella se enterase. Eres un gran amigo.

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