Capítulo 60: Una Conversación entre Cuñadas.

Antonio llamó a su hermana Marta desde la entrada del hospital. Ana acababa de llamarle sólo para pedirle la clave del móvil, y le había mandado a la mierda. Se sentía muy angustiado y no sabía como actuar. Por un lado quería darle todas las explicaciones del mundo a su mujer, pero por otro entendía el shock que era para Ana aquella información y que necesitaba estar sola.

Mientras escuchaba los tonos de espera de la llamada se sentía culpable por haberle contado a Ana todo lo ocurrido con su madre de aquella manera.
—Hola Antonio. ¿Qué tal? —respondió Marta al descolgar.
—Pues mal, hermana, muy mal.
—¿Qué pasa?.
—La he cagado con Ana.
—¿Por?.
—Anoche escribí todo lo sucedido con su madre en unas hojas y esta mañana he venido al hospital decidido a contárselo todo.
—Sí…
—Han venido unas amigas suyas y me sentía muy nervioso e indeciso y he metido las hojas en su libreta de recuerdos.
—Antonio….
—Déjame que te explique. He salido a comer y al volver las había descubierto. Se ha cabreado mucho y me ha echado. No quiere verme.
Marta escuchaba atenta al angustiado Antonio y guardó silencio dejándole hablar. Cuando terminó le dio palabras de ánimo, aunque en su interior pensaba que Antonio no tenía que haberle escrito una carta, y le dijo que se fuera a casa, que descansara y que ella trataría de hablar con Ana.
Antonio obedeció a su hermana y se marchó a casa triste por lo sucedido y preocupado por su mujer. Lo único que le apetecía era meterse en la cama bajo el edredón y no salir nunca más de allí.
Marta dejó a los gemelos con sus padres y se fue directa al hospital. Quería hablar con Ana y darle todo su cariño y apoyo. Siempre se habían llevado muy bien y sabía como tratar a su cuñada con delicadeza en momentos duros.
Cuando Marta entró en la habitación de Ana se la encontró tumbada boca arriba, con la mirada perdida en el blanco techo y el gesto serio.
—¿Qué haces tú aquí?, ¿Te ha mandado tu hermano? —dijo Ana al verla con desgana.
—No, he venido porque he querido yo, pero se lo que ha sucedido.
—No tengo ganas de hablar, Marta.
—Lo entiendo Ana, y lo siento mucho, pero quiero ayudarte y hablar te vendrá bien.
—Mi vida se está tambaleando y no me acuerdo de muchas cosas. Me arrepiento de haber despertado… —sollozó Ana derrumbada por la situación.
—No digas tonterías Ana, sé que es duro, pero saldremos adelante entre todos. Antonio te quiere con locura y nosotros somos tu familia. Entre todos lo resolveremos. No estás sola.
—Pues me siento muy sola ahora mismo. No sé qué creer. No entiendo nada…
Marta abrazó a Ana, que recibió el contacto físico con cierto alivio. Sus sentimientos eran contradictorios, estaba destrozada.
—Eres mi cuñada favorita. Entre las dos vamos a aclarar un poco todo esto, ya verás.
—Soy tu única cuñada, no te jode —dijo Ana riéndose con la gracia de Marta.
Aquella tarde Marta ayudó mucho a Ana con explicaciones de todo lo vivido en sus meses de ausencia. Le enseñó los SMS que su madre mandó a Antonio y a ella amenazándole. También le enseñó la carta anónima contando la historia de su madre y un trocito del video en el que salía Josefa confesando que no era su verdadera madre.
Ana asustada con todas aquellas pruebas tuvo un flash de memoria que le dejó la sangre helada al recordarlo.
—Marta, acabo de recordar algo terrible…

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