Capítulo 55: Recuerdos que Vuelven.

Antonio se metió el móvil en el bolsillo izquierdo del pantalón y tomó aire antes de entrar de nuevo en la habitación. La pregunta de Ana le había puesto un nudo en la garganta mientras hablaba con Marta, y no sabía por donde comenzar aquella conversación sobre su madre, que no deseaba que tuviese lugar.

Ana le sonrió cuando le vio entrar de nuevo.
—¿Te habías quedado dormida? —preguntó Antonio al verla con los ojos entrecerrados.
—No sé, estoy agotada y has tardado mucho…
—Qué va cariño, han sido apenas cuatro minutos —respondió Antonio un tanto preocupado por tanta somnolencia de su mujer.
Ana se frotó los ojos y bostezó como un oso que acaba de despertar de una larga temporada hibernando.
—Me había surgido una duda, pero ya no me acuerdo —resopló Ana con fastidio.
—No te preocupes, seguro que pronto volverá a tu memoria —dijo Antonio aliviado mientras pensaba que la suerte estaba de su parte—. Esta tarde te traeré una libreta y un bolígrafo, para que te apuntes todos los recuerdos que te vayan surgiendo.
Ana sonrió y al momento se incorporó impulsada por nuevos recuerdos que parecían iluminar su cerebro como fogonazos. Aquél día Ana recordó cual era el trabajo de Antonio.
—¿Cómo te has apañado en el trabajo estos dos meses? —preguntó Ana mirando a Antonio muy fijo a los ojos.
—Pues…Al principio mal, porque quería estar a tu lado todo el rato y llegué varias veces tarde. Pero luego ya me pude organizar mejor —comenzó Antonio tartamudeando un poco.
—Menos mal que tienes un jefe bueno —dijo Ana ingenua y sonriente.
—Me han despedido Ana, lo siento —dijo Antonio bajando la cabeza triste—. Mi jefe no fue tan comprensivo. Por eso me pude organizar mejor…
Ana guardó silencio un instante, pero enseguida agarró la mano de Antonio y trató de animarle con palabras de consuelo, diciéndole que saldría algo mejor a partir de ahora.
—Sí, pero necesitamos dinero con urgencia. Cuando nazca el bebé todo serán gastos —soltó Antonio con los ojos empañados sin darse cuenta de que Ana no lo sabía.
Ana se quedó mirando al infinito sin poder reaccionar a lo que acababa de decir su marido. ¿Estaba embarazada?.
—¿Estoy embarazada? —dijo Ana con los ojos fuera de las órbitas mientras se llevaba las manos a la tripa.
—¿No lo recuerdas? —preguntó Antonio con calculada ingenuidad.
—¿Pero como no me lo has dicho? —preguntó Ana con entusiasmo— ¿De cuanto estoy?.
—Pues, creo que de cuatro meses, aunque eso lo sabrá mejor la doctora. Ya sabes que soy un desastre…
Ana lloró de emoción y alegría porque su mente le decía que era algo que deseaba con fuerza. Y en ese momento le vino como un flash el recuerdo de su primer embarazo, que no acabó bien. Los recuerdos aparecieron a borbotones, como el agua cuando abres una compuerta en un pantano. Entonces fue cuando se dio cuenta de que Antonio no sabía que estaba embarazada cuando tuvo el accidente.
—Lo siento Antonio —dijo en voz muy baja, mientras bajaba la mirada avergonzada por no habérselo contado ella primero—. Tenía mucho miedo de que saliese mal y quería esperar a estar muy segura…
Antonio la besó en la frente y se fundieron en un tierno abrazo.
—Lo entiendo. Te quiero…

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