Capítulo 48: Una Memoria USB.

Antonio llegó a casa aquella noche con una sonrisa que le ocupaba todo el alma y media cara. La alegría que le embargaba también dejaba espacio para la preocupación. Ana por fin estaba despierta, y eso era un soplo de esperanza en que todo volvería pronto a la normalidad, pero habían sucedido tantas cosas en su ausencia, que no sabía por donde comenzar a explicárselas.

En el rellano del ascensor se encontró a Martín, su vecino, y no pudo resistirse a contarle que Ana había despertado del coma. Se puso muy contento por la noticia y le dio un paquete de correos que justo había llegado ese mismo día para él.
Antonio entró en casa y hasta le pareció más bonita y limpia que de costumbre. La alegría le hacía ver la vida con un filtro lleno de color y energía. La realidad era que el piso estaba hecho un desastre, sucio y frío, y necesitaba una puesta a punto urgente. Por su mente se pasó la idea de ponerse a limpiar y dejar el piso preparado para la vuelta a casa de Ana, pero miró el reloj y cayó en la cuenta de que era tarde, y que Ana aún tardaría unas semanas en ser dada de alta. Podía descansar de aquel día tan intenso y comenzar al día siguiente la puesta a punto del hogar para la llegada de su mujer, y su futuro hijo.
Dejó el paquete que le había dado Martín sobre la mesita baja del salón y preparó algo de cena. Llamó a su hermana Marta para saber como había ido la visita al convento y esta le dejó con la boca abierta al contarle lo que le había dicho la monja portera y el encuentro de Josefa con el policía. Estaba en duda de si serviría para algo seguir en Barakaldo un día más, porque se le hacía difícil llegar a la monja sin que Josefa le descubriera. Lloraron un rato de alegría por el despertar de Ana y Marta le dijo que le echaba mucho de menos, y a Deyan y a los gemelos aún más. Antonio le dio las gracias por todo lo que estaba haciendo por él y le pidió que volviese. Si el viaje repentino a Bilbao le había servido para darse cuenta de que en realidad no necesitaba estar lejos de su familia, ni sola, Antonio se daba por satisfecho. Habían conseguido mucho con aquella persecución a Josefa: Sabían donde se escondía, y Marta había aclarado sus dudas existenciales.
Antonio encendió la tele y comenzó a devorar la tortilla de jamón que se había preparado para cenar algo caliente cuando reparó en el paquete que había llegado.
Revisó el pequeño sobre marrón acolchado con la curiosidad del que no esperaba ningún envío de nadie. Aparecía su nombre y su dirección, pero no había rastro ni detalle del remitente. Lo abrió con cuidado y en su interior encontró una carta escrita a mano y una memoria usb. La carta decía lo siguiente:
Querido Antonio:
Siento no haberte vuelto a escribir antes, pero ha sido imposible. En esta carta te envío una grabación que te ayudará a desenmascarar a tu suegra y a explicárselo a Ana el día que despierte del coma.
Antonio se quedó blanco al leer aquella carta. Corrió al portátil que estaba sobre la mesa del comedor e insertó la memoria USB para ver de que se trataba.
Cuando vio el video en el que aparecía Josefa atada en un lugar oscuro, confesando que Ana no era su hija biológica, casi se desmaya…

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