Capítulo 46: Las Secuelas del Coma.

El Doctor Smith explicaba en inglés la técnica de despertar con ultrasonidos que había utilizado a unos alumnos de Medicina en prácticas. Ella los observaba arremolinados alrededor de la cama, mirándola con caras de extrañeza y fascinación. Ana trataba de entender lo que decía el Doctor, pero su cerebro no procesaba el inglés, y le sonaba igual que si le hubieran hablado en chino o en japonés.

Se encontraba débil y seguía bastante aturdida desde el día anterior. El Doctor Smith dijo que tenía amnesia selectiva postraumática, que tenían que hacerle muchas pruebas para valorar si su estado de coma había dejado secuelas. La amnesia dijo que no era grave, y que mejoraría, pero le resultaba muy frustrante acordarse de la cara de Antonio, pero no de su familia o del día del accidente.
Antonio estaba a los pies de la cama sonriéndole todo el rato, feliz, y Ana no paraba de preguntarle cosas sobre su vida, porque apenas se acordaba de nadie. Le preguntó en que trabajaba, donde vivían y todo lo que iba recordando. Y éste le iba explicando con suma delicadeza todo lo que ella quería saber.
Se sintió algo cansada y se durmió un rato mientras Antonio hablaba con los médicos y les daba las gracias por todo lo que habían hecho por ellos. La Doctora Garmendia se emocionaba por la alegría de haber conseguido que Ana despertara.
Por la tarde aparecieron Adela y Miguel a visitar a Ana en el hospital. Antes de entrar Antonio les explicó todo lo que había hecho el médico estadounidense para despertarla y quedaron maravillados. También Antonio les advirtió de la amnesia que sufría y que ahora comprobarían si se acordaba de ellos o no.
Adela se alegró mucho por Antonio y se lo llevó un momento aparte para hablar con él.
—Antonio, estoy feliz de que Ana vuelva a la vida, pero la que se nos viene a todos encima es enorme —confesó Adela preocupada.
—Sí, no paro de darle vueltas —dijo Antonio, que también estaba preocupado—. La amnesia es casi una bendición en estos momentos.
Adela torció el gesto al oír aquellas palabras, pero enseguida se dio cuenta de por qué lo decía.
—No se acuerda de su madre, ni del accidente, ni tampoco sabe aún que está embarazada. No se como se lo voy a decir todo, han pasado demasiadas cosas —confesó Antonio.
—Hablaré con Marta esta noche y entre todos decidiremos como le explicamos las cosas. ¿Te parece? —contestó Adela.
Ambos se fundieron en un abrazo y entraron en la habitación de Ana.
Miguel y Adela avanzaron emocionados en la habitación pero se pararon en la puerta temerosos de la reacción de Ana.
Ana les miró fijamente y después miró a Antonio con una sonrisa.
—Miguel y Adela, ¡mis suegros! —dijo Ana con dos lágrimas en los ojos.
Todos aplaudieron vitoreando a Ana.
Los tres se fundieron en un abrazo lleno de sonrisas y esperanza.
—¡Qué alegría verte despierta! —dijo Miguel sacando un pañuelo de tela del bolsillo para sonarse los mocos.
Adela la miraba y le acariciaba la cara, como no terminándose de creer que su nuera estuviese despierta al fin.
—Ha sido muy duro tenerte estos meses aquí metida, pensábamos que te ibas a morir —confesó Adela emocionada y aliviada al mismo tiempo.
—¿Y Marta? —preguntó Ana de repente.
Adela y Antonio se miraron sorprendidos.

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