Capítulo 41: Noche de Revelaciones.

Antonio y Deyan se despertaron por el zumbido del teléfono de Antonio. Este miró el móvil, frotándose los ojos, mientras bailaba sobre la mesita baja del salón. En la pantalla aparecía Adela, su madre, y el reloj que marcaba las 9:25h.
Deyan se incorporó en el sofá retorciendo los músculos por la mala postura.

Ambos se habían quedado dormidos en el sofá sin remedio, después del intenso día anterior.
Antonio respondió a su madre todavía medio dormido. Adela se asustó al escucharle la voz.
—¿Va todo bien Antonio?—. Le dijo nada más descolgar y escucharle.
—Nos quedamos dormidos anoche en el sofá—. Contestó Antonio restregándose la cara.
—¿Estás con Deyan todavía?—. Preguntó Adela.
—Sí, lo tengo aquí al lado.
—¿Está bien?—. Preguntó con voz preocupada.
—Sí, está bien—, le contestó Antonio levantándose del sofá.
—Me ha llamado Marta y me ha contado toda la verdad—. Le dijo Adela.
Antonio la dejó continuar en silencio.
—Yo sabía lo de la carta, hijo, pero no lo de Josefa—. Le dijo entre sollozos.
—Deyan habló anoche con ella y también sabe la verdad—. Le dijo Antonio tratando de tranquilizarla.
—Me ha pedido que te cuente que anoche cuando llegó a Bilbao siguió a Josefa hasta un convento sin que se diera cuenta—. Dijo Adela.
—¿Donde está ahora?—. Preguntó Antonio preocupado.
—Tranquilo, me ha dicho que se ha quedado a dormir en una pensión cercana y que hoy se dedicaría a buscar información sobre ese lugar—. Le dijo Adela, tratando de tranquilizarle ella ahora.
—Creo que voy a ir a buscar a Marta para traerla de vuelta. No quiero que esté allí sola, es muy peligroso—. Contestó Antonio con voz grave.
—Quiero que vengáis Deyan y tu a comer a casa, como habíamos quedado. Y organizaremos esta situación en familia, como siempre hemos hecho—. Le contestó Adela a Antonio.
Se despidieron hasta el mediodía y Antonio fue a buscar un poco de café a la cocina. Deyan se había sentado en el sofá donde había dormido y estaba mirando los papeles de la carpeta de Josefa.
—¿Quieres café?—, Le preguntó Antonio a Deyan.
—Cuñado, esto es grave—. Le contestó con la cara desencajada por lo que estaba leyendo en los papeles.
—Sí, muy grave. Y hay algo más que no os he querido contar—. Le dijo a Antonio mientras desaparecía de camino a la cocina.
Antonio volvió con dos tazas de café y le confesó a Deyan el suceso del cuchillo con Josefa del día de antes. Antonio se descompuso por completo contando como su suegra le había arrinconado con un cuchillo de treinta centímetros en la garganta, amanenazándole de muerte.
Todo lo que pasó a continuación Deyan ya lo sabía, porque lo había vivido en persona con él. Ambos se abrazaron en silencio, como dos hermanos ante una desgracia descomunal.
—Adela quiere que vayamos a comer con ellos hoy—. Le dijo Antonio a su cuñado. Aprovecharé para contarles esto, lo de mi trabajo y lo que he leído esta noche en la carpeta de la adopción de Ana.
—Se van a caer de la silla—. Contestó Deyan llevándose las manos a la cara preocupado.
—Quiero ir a la policía Deyan—. Le dijo Antonio….

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