Capítulo 37: La Carta de Marta.

—Antonio, ¿Dónde estás?—. Preguntó Deyan en cuanto este descolgó el teléfono.
—Casi llegando a casa de Josefa—. Contestó Antonio casi como un robot.
—Espera cuñado, tengo que darte algo que me ha encargado Marta.
—¿De que se trata? Ahora me pillas en mal momento—. Contestó Antonio igual de serio. En su cabeza sólo había un objetivo en aquel momento. Nada ni nadie sería capaz de distraerle.

—Es muy importante Antonio. Espérame en el portal de Josefa antes de subir. Por favor—. Suplicó Deyan al otro lado del aparato.
La pausa en el “por favor” de Deyan hizo click en el cerebro de Antonio, haciéndole retomar la atención. Era algo grave seguro, pensó. No había atendido la llamada de su hermana y llegó a la conclusión de que algo tenía que ver.
Empezó a llover sobre la ciudad empañando las calles, los coches y apresurando a la gente a cobijarse para no empaparse. Antonio esperaba en la puerta del portal del piso de Josefa, obediente a las palabras de Deyan. En el bolsillo izquierdo de la chaqueta acariciaba la llave de la lata de galletas, que le quemaba al sentirla.
Apenas pasaron cinco minutos y apareció Deyan totalmente empapado por el agua que caía del cielo.
—Gracias por esperarme, cuñado—. Le dijo mientras le abrazaba con cariño familiar.
Antonio sintió, en los grandes brazos de Deyan, que le rodeaban las palabras de consuelo que necesitaba, pero que no hacía falta pronunciar.
Entraron al portal para ponerse a cubierto de la gran tromba de agua que inundaba Madrid.
—Tengo esto para ti, es de Marta—. Le dijo Deyan mientras sacaba la carta totalmente seca de muy adentro de sus ropas.
Antonio la cogió nervioso.
—Marta me ha dicho que es muy importante que la leas ahora mismo. No sé de que se trata—. Le confesó mirándole a los ojos con sinceridad casi de niño.
Antonio abrió la carta con cuidado. El sobre blanco no tenía ningún mensaje ni marca de nada. Sacó las hojas y comenzó a leer en voz alta.
Querido mío:
Te escribo esta carta desde la dificultad que me supone decirte esto en persona. Créeme que le he dado muchas vueltas y he pensado mucho en todo lo que te quiero decir antes de escribirlo….

…Con todo mi amor. Marta.

Antonio miró a Deyan y ambos se abrazaron con lágrimas en los ojos. Extrañados y tristes con lo que Marta les había dicho en la carta no sabían ni que decir, estaban paralizados en aquel portal como dos estatuas de alabastro.
Deyan quiso llamar de inmediato a Marta, pero Antonio le pidió que se sentara en los escalones del portal un momento.
—Respira y cálmate un momento, ahora le vamos a llamar—. Le pidió Antonio tratando de disimular que él también estaba nervioso como un flan con aquella noticia.
Deyan sollozaba y repetía que no entendía nada. Le contó a Antonio la sorpresa de la pastelería, que estaba preparando con su padre y se echó a llorar.
Antonio trató de consolarlo mientras en su cabeza rondaba el pensamiento de que algo no cuadraba en la historia de Marta. Aquella carta era para Deyan, no para él. Josefa acababa de salir huyendo y Marta lo sabía…
Una bombilla se encendió sobre la cabeza de Antonio y sacó el móvil del bolsillo.

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