Capítulo 35: El Vaso que se Desborda.

Marta no sabía por donde comenzar la carta que quería escribir. Una oportunidad como la de aquella mañana, en la que podía estar sola y tranquila, no se repetiría en bastante tiempo. Si no lo hacía hoy no lo haría nunca.
Su situación laboral era bastante mala en los últimos meses, y le estaba afectando al ánimo más allá de lo que le gustaría.

Hacía un mes que había visitado a su médico de cabecera sin decirle nada a Deyan, preocupada por el agobio que sentía de no encontrar trabajo. No quería preocuparlo, pero ya no se sentía con fuerzas para seguir adelante y necesitaba ayuda. El médico le recetó algunas pastillas para la ansiedad leve. Ella se las tomaba con mucha fe, aunque no sentía que le hicieran mucho efecto. Fue entonces cuando su mente se fue muy lejos de todo aquello y ella detrás. No hubo remedio.
Ahora que Antonio se encontraba con Ana en coma y con una suegra que le amenazaba de muerte sintió que el agua se sobraba del vaso, la última gota le desbordó por completo. Todos los sentimientos que llevaba meses tratando de aplacar y disimular no podían acumularse más. Decidió plasmarlos en una carta para Deyan, donde le explicaba con cuidadosa sinceridad que estaba al borde del abismo.

No sabía como empezar la carta, pero una vez que arrancó, las palabras salieron todas de sopetón y necesitó varios folios para calmar todo lo que quería expresar.
Le pidió tiempo a Deyan para centrarse de nuevo en su vida. Que las crisis existencial de encontrarse sin trabajo le había hecho perder el rumbo y no sabía si era feliz o que le sucedía.
Le explicó que se marchaba sin rumbo concreto por un tiempo. No sabía si era mucho o poco lo que necesitaba, pero que estaba decidida a marcharse.
Le pidió que no le juzgara, sino que le entendiera. Que había hablado de todo aquello en secreto con su madre y que esta le ayudaría con los gemelos en su ausencia. Lo había dejado todo organizado.
Guardó la carta en un sobre y la introdujo en el cajón donde tenía guardada la carpeta de los papeles importantes. Al día siguiente se despediría de todos en la comida familiar, pero sin decirlo directamente. El Domingo sería el día de su marcha.

Sonó el teléfono y cogió sorprendida al ver que era Josefa la que le llamaba.
—Me marcho ahora mismo—, comenzó su suegra en cuanto descolgó, con la voz alterada y nerviosa.
Apenas le dio opción a contestarle. Le colgó sin terminar de creerse lo que le acaba de comunicar.

Aún sorprendida por lo que le había dicho la suegra de Antonio corrió a llamarle para contárselo. Este no le cogió el teléfono y le dejó un mensaje de whatsapp esperando que lo leyese lo antes posible.
Sin pensarlo dos veces sacó un bolso del armario y metió algunas camisetas, pantalones y otras tantas mudas. Revisó cuatro cosas para el neceser y salió como alma que lleva el diablo en dirección a la puerta de casa.
El autobús urbano la dejó a los pocos minutos en la estación de autobuses de Puerta de América. Ahora tenía que buscar el autobús que la llevaría a Barakaldo…

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