Capítulo 31: Una Conversación Pendiente.

Antonio y Josefa bajaron a la cafetería del hospital tratando de mantener la compostura a pesar de que la tensión entre los dos era palpable a metros de distancia, incluso sin conocerlos. Antonio se quedó detrás de ella en el ascensor, mirando aquel moño al que tanta manía había cogido.

Su mente se había bloqueado al completo al ver el cuchillo en el bolso de Josefa, y por más que intentaba pensar que no era una declaración de intenciones, no podía quitárselo de la cabeza. ¿Para que llevaba sus suegra un cuchillo de treinta centímetros en el bolso? ¿Pensaba matarlo allí mismo? ¿Esperaría a hacerlo delante de un montón de gente en mitad de la cafetería? ¿O lo había llevado a afilar antes de pasarse por el hospital?. En ese instante, que pareció eterno, en el que el ascensor tardaba tanto para bajar tres pisos le dio tiempo a pensar todo tipo de cosas. Y fue entonces cuando le vino a la mente la última frase de la carta anónima: Mantente alejado de Josefa, por tu integridad física.
Se quedó blanco al pensar en aquella última frase. ¿Le iba a matar? ¿Se iba a dejar?…
Las puertas del ascensor se abrieron y Antonio respiró aliviado. De camino a la cafetería se cruzaron con mucha gente que iba y venía. Se sintió protegido por el tráfico hospitalario, pero no sabía cuanto le iba a durar. Josefa agarraba con fuerza el bolso y con el ceño fruncido no pronunció palabra hasta llegar a la barra de la cafetería.
—¿Qué vas a querer Antonio?— Preguntó mirándole fijamente a los ojos.
—No sé. Acabo de tomar café, pero otro no me vendrá mal—. Contestó Antonio trabándose un poco al hablar, fruto de los nervios.
Se notaba el corazón palpitando a toda velocidad. Sudaba de angustia.
—Antonio quiero hablar contigo seriamente. Estoy muy preocupada por Ana, su evolución es nula, y últimamente tú y yo nos comunicamos poco—. Comenzó Josefa.
Antonio la miraba sin pestañear, a ella y al bolso.
—Sé que no estuvo bien mi arrebato de rabia en tu casa el día del accidente y te pedí disculpas. Pero desde entonces nuestra relación está fría como un témpano—. Continuó.
—No sé como quieres que esté Josefa. Me amenazaste de muerte aquel día, y no lo puedo olvidar. Desde entonces te comportas de manera muy rara conmigo y desapareciste tres días sin dar explicaciones…
—La verdad es que todo esto de mi hija me está superando. Decidí evadirme tres días con mi familia de Barakaldo. Siento si mi comportamiento no ha estado a la altura. Me gustaría arreglar las cosas contigo.
—No sé Josefa, no te reconozco. Que yo sepa no tienes familia en Barakaldo—. Contestó Antonio mirándole con incredulidad.

—Necesito tiempo para creerme que sea verdad que quieres arreglar las cosas—. Le dijo Antonio escéptico ante aquel alarde de interpretación.
—De acuerdo, lo entiendo. Te debo muchas explicaciones—. Contestó Josefa poniendo cara de perro apaleado, una cara ensayada que le salía a la perfección.
Terminaron el café y decidieron volver a la habitación de Ana. Esperando al ascensor Antonio no se creía nada de lo que le acababa de decir su suegra, pero se sentía algo más aliviado de haberle soltado algo de lo que llevaba pensado para decirle.
—Vamos por la escalera—, dijo Josefa arrancando impaciente por la tardanza del ascensor.
Antonio siguió a su suegra y los dos entraron en el recinto de las escaleras.
Según se cerró la puerta y estuvieron solos Josefa le pegó un empujón a Antonio con el bolso que pilló a este totalmente desprevenido y casi le tira al suelo.
—¡Nos vas a quitarme a mi hija, hijo de puta!—. Le dijo poniéndole el cuchillo en un rápido movimiento de manos en el cuello.
—¡Sé quien eres, cabrón! ¡Y sé lo que quieres!— Gritó Josefa con los ojos inyectados en sangre y una mueca monstruosa.

12 comentarios en “Capítulo 31: Una Conversación Pendiente.

  1. ¡Hola Alberto! Bueno bueno bueno… ¡me he quedado alucinada con este capítulo! Empieza con muchísima tensión entre Josefa y Antonio, por fin tiene la “conversación pendiente”, pero… madre del amor hermoso como termina! Deseando leer el siguiente capítulo para ver como sigue la historia. Saludos.

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  2. Diossssss, este hombre es más corto que el día de Navidad. Ve un cuchillo, le han dicho que tenga cuidado y aún así se mete en las escaleras con la loca de la Alcarria esta? Chico si sólo falta que le dijeran que quería matarle lo antes posible!!! Me voy al siguiente capítulo que hoy me tienes en un sinvivir. Muaksss

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  3. ¡Hola!
    Madre mía, sabes como transmitir la tensión que ha sentido Antonio a tus lectores ¡eh!
    Me he quedado hipermegaintrigada en saber qué va a pasar, así que a la que termine el comentario me voy a leer el próximo capítulo que he visto que lo has publicado pero no quería leerlo antes que éste jejejeje
    Felicidades, estás publicando un relato que engancha al 100%.
    Besotes

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