Capítulo 25: Pasaje a la Vida.

Siento que los ojos, que siempre me pesan horrores, están esperando una señal de mi cerebro para volver a funcionar con normalidad. Pruebo a mandarle esa orden al cerebro, como vengo haciendo desde que estoy paralizada en esta cama de hospital, para ver si esta vez me hace caso. Todos los días sigo intentándolo, la mayor parte de las veces sin esperanzas, y luego me pregunto a mi misma hasta cuando seguirá este infierno, y hasta cuando seguiré haciendo la gilipollas pensando que esto tiene solución.

La luz entra en mis retinas y veo el techo blanco de la habitación del hospital. No puede ser verdad, ¿¡Estoy despierta?!. Mis labios sonríen por si mismos, sin dar yo orden de nada. Giro la cabeza muy despacio y va y gira, jajaja. Me río sola, no puedo creerlo. Me pellizco el brazo y tanto el brazo como los dedos agarran la piel sin mayor problema. Me están entrando hasta nervios. Me río bajito.

Mi cerebro entra en estado de pura euforia y me levanto despacio mirando hacia todos lados como si fuera una niña pequeña descubriendo el mundo. Me toco la cara, el pelo, las piernas…Todo parece estar sano, nada me duele. Y ahí abajo está la barriguita un poco salida de embarazada. ¿Me he despertado por fin?

Pensaba que nunca iba a llegar ese día. ¡Por fin!

No hay nadie en la habitación así que quiero moverme, salir de allí, buscar a Antonio. Me arranco los tubos del brazo, los tropecientos, y casi me desmayo del dolor al hacerlo. He visto muchas películas y me digo a mi misma que soy retrasada por hacer esto. Pero me da igual, estoy tan eufórica.

Abro el armario y me pongo una bata que seguro que me ha dejado preparada Antonio o mi madre, sonrío. Abro lentamente la puerta de la habitación y asomo la cabeza al largo pasillo del hospital.

Vaya, no hay nadie tampoco allí. ¿Qué hora será?, ¿Qué día?, ¿Cuanto tiempo he pasado en coma?, ¿A quién le pregunto?.

Parece que el control de enfermería está hacia la derecha y me dirijo hacia allí.

No veo enfermeras por ningún lado, que cosa tan rara. ¿Será mitad de la noche? No puede ser, entraba luz a raudales por la ventana de la habitación.

Me dirijo a los ascensores sin pensarlo. Pulso el botón B y el ascensor se mueve.

Al llegar a la planta baja tampoco hay nadie. Empiezo a pasar de la euforia al miedo. ¿Qué ha pasado mientras estaba en coma? Lo mismo se ha acabado el mundo y me he quedado sola.

Me asomo a la calle y el parking está lleno de coches, pero no hay ni un alma, ninguno en movimiento, nadie cerca ni lejos, que angustia de repente.

Siento el oxígeno limpio entrando en mis pulmones, me siento llena de vida. Miro el cielo azul y me siento viva de nuevo.

La sensación me dura poco porque vuelvo a la realidad solitaria con la que me encuentro frente a mí. Me angustio pensando si se habrá acabado el mundo. Todo está en silencio, un silencio que asusta. Algo raro está pasando porque todo funciona, pero no hay nadie.

Grito desesperada sin moverme del sitio. El sonido sale de lo más hondo de mi ser y me deja helada el eco en mi propia cabeza.

Todo se vuelve oscuro de repente y mi respiración está acelerada. Intento abrir los ojos y no puedo, intento mover mis extremidades y tampoco puedo.

A mi lado oigo la voz de Antonio dándome lo buenos días con su calidez habitual. Estoy paralizada, sigo en el hospital, lloro con amargura….

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s