Capítulo 7: El Amor de Mi Vida.

La vida es caprichosa y nunca sabes donde vas a encontrar al amor de tu vida. Sólo hay que dejarse llevar y vivir cada momento.

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Tú estás loca, me solía decir. Tenía costumbre de asomarse por la puerta de mi habitación y me daba cada susto que para qué. Su sonrisa hacía que se me pasara al momento. Mi madre siempre me decía que me fuera a dar una vuelta con mis amigas los sábados que me quedaba a estudiar en época de exámenes. Que me iba a quedar soltera si no salía, pero yo prefería centrarme en los exámenes. Me lo decía en broma, porque ella sabía que el resto del año salía casi todos los fines de semana. Sin pasarme, pero salía. Me gustaba ser una buena hija.

Mi madre me decía que ella había sido una buena hija, estudiosa y aplicada. Que luego las circunstancias de la vida le habían dejado como ama de casa, pero que le hacía muy feliz ver que yo había salido inteligente y responsable. Me gustaba ver su sonrisa orgullosa cuando me miraba desde el quicio de la puerta de la habitación en silencio. Muchas veces me asustaba, otras la veía por el rabillo del ojo y la dejaba estar, imaginaba que se sentía contenta viéndome estudiar.

El último curso de universidad fue el más duro de todos y casi por los pelos conseguí sacarme el título a tiempo para disfrutar de un verano tranquilo. En la noche de San Juan mis amigas y yo conocimos a un grupo de chavales muy majos en la verbena. Antonio estaba allí con su cubata y su camisa de flores súper hotera. Bailaba el que mejor de sus amigos. Era fácil porque todos eran arrítmicos y el sabía llevar el paso. Me lo presentó uno de sus amigos, por una de mis amigas, lo típico. Ninguno de los dos nos llamamos especialmente la atención, pero nos echamos unos bailes a ritmo de salsa en los que yo disfruté como una loca. Olía muy bien. Tenía una sonrisa preciosa y unos ojos que también me sonreían. Yo estaba más por la labor de bailar y así discurrió la noche.

La verbena terminó muy de madrugada y mis amigas y yo nos quedamos en la playa bebiendo chupitos y riéndonos como bobas con las tonterías que hacían Antonio y sus amigos en la hoguera de al lado.

De repente abrí los ojos a eso de las 6 de la mañana. En la playa quedabamos tres amigas tiradas en la arena y montones de basura por todos lados. No recuerdo en que momento me quedé dormida, pero con la cantidad de chupitos que bebí, como para acordarme. Giré la cara hacia el agua y allí estaba Antonio sólo en la orilla, mirando al mar. Estaba desnudo y me dió como vergüenza mirarlo, pero tampoco pude despegar los ojos de aquél trasero redondo. Me hice la dormida con los ojos entrecerrados y seguí sus movimentos entrando al mar. Se pegó un buen baño y cuando decidió salir yo estaba curiosamente excitada. Tenía un cuerpazo de infarto. Era un tío grande y fuerte. Se le notaba que hacía deporte. El pecho lleno de pelos rizados me dejó hipnotizada y cuando el agua dejó de taparle lo de más abajo me moví involuntariamente. Antonio descubrió que estaba despierta y se tapó con sus propias manos sin mucho éxito, avergonzado.

Se cubrió con una toalla y se acercó a hablar conmigo. Tuvimos una conversación muy interesante y quedamos en que nos volveríamos a ver. Y de aquello han pasado quince años. Es el hombre de mi vida. 

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