Capítulo 5: Una Señora De Bien.

Josefa nació en una familia de buena posición en una época en la que la educación era estricta y conservadora.

Anuncios

Josefa Bengoetxea nació en Barakaldo y sus primeros años fueron dirigidos por las hermanas Dominicas. Su carácter se forjó a base de disciplina y muchas hostias, de las consagradas y de las que duelen, en los pasillos de aquel colegio de niñas.

Tenía unos valores muy estrictos consigo misma y esperaba lo mismo de los demás, aunque no era habitual que lo segundo le satisficiera  nunca. la gente es muy vaga y mal educada, solía decirse a sí misma. Lo que nunca hacía era decirlo delante de nadie. Las monjas le grabaron a fuego que tenía que ser dulce y agradable, discreta y dócil, pero la sangre de los Bengoetxea era fuerte y circulaba brava por sus venas. El autocontrol era uno de sus mayores orgullos y calmaba a rajatabla las ganas de “adecentar” a la gente a hostia limpia, como ella misma aprendió.

Bajo una apariencia de gatito inocente fue creciendo y cumpliendo años. Cuando llegó a la adolescencia su padre le encontró un novio a la altura de una señorita elegante y disciplinada. Una señorita que sabía coser, lavar, planchar y llevar la economía de una casa con técnica depurada. Ella tenía muchos planes en su cabeza, algunos bastante aventureros, pero se dejó llevar.

El novio y por qué no decirlo, futuro marido, era un hijo de militares que había sufrido una infancia parecida a la suya en cuanto a educación estricta y valores morales. En cambio tenía un carácter mucho más suave que el de ella, y a veces era difícil controlar ese carácter libre y disperso. Pero llegó Josefa para adecuarlo a su gusto y convertirlo en un marido que le diera la categoría que ella tenía. Las circunstancias laborales de Ramón los llevaron de Barakaldo a Madrid y Josefa siguió siendo dueña y señora de su hogar en Madrid tanto como en Barakaldo.

Los años fueron pasando y del matrimonio sólo pudo salir una hija, Ana. A Josefa le hubiera gustado tener muchos hijos, como manda Dios, pero después de dos embarazos que no llegaron a buen puerto, decidieron que tendrían que centrarse sólo en Ana. Y Ana fue el ojito derecho de su padre y el ojito derecho de su madre, dos ojitos derechos que la pobre Ana tuvo que lidiar cómo mejor pudo y supo. Los mejores colegios privados católicos para su educación infantil y la mejor universidad católica para sus años mozos. Su padre le consentía todo y su madre al contrario, pero manipulando, para que no lo pareciera.

Josefa no podía dejar que su desliz con Antonio fuera más lejos de las cuatro paredes del piso en el que vivía con Ana. Ana no podía enterarse y la salida del tiesto de Antonio le hacia desconfiar del control que mantenía hasta aquel día. Así que se dirigió a la farmacia de su amiga de la infancia con claras intenciones. Aun llevaba el paso rápido tras salir a toda velocidad del piso de su hija y su yerno, así que se sentó dos minutos en un banco antes de entrar en la farmacia.

Repasó mentalmente lo sucedido minutos antes y entornó los ojos mientras se encomendaba a la Virgen del Rosario…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s